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N.° 6 (Abril-Junio de 2018)
Agosto de 2018
15-19

EDGAR VIEIRA POSADA

Director Centro de Pensamiento Global (CEPEG) | Universidad Cooperativa de Colombia

Colombia

Estimada Rectora de la Universidad Cooperativa de Colombia, Maritza Rondón Rangel; estimado embajador y catedrático de relaciones internacionales, Diego Cardona; estimadas directivas de la Universidad Cooperativa de Colombia; estimados colegas internacionales y nacionales integrantes del GRIDALE; apreciados asistentes:

Muy bienvenidas todas y todos a este primer congreso latinoamericano de integración regional en un contexto de desarrollo sostenible, que constituye el primer encuentro formal de un número tan significativo y representativo de académicos vinculados al Grupo de Reflexión sobre Integración y Desarrollo en América Latina y Europa – GRIDALE. A la Rectora Maritza Rondón Rangel y directivas de la Universidad Cooperativa de Colombia, nuestro profundo agradecimiento por hacer posible este encuentro, que coincide con la celebración de los 60 años de la universidad.

La respuesta de la academia latinoamericana y europea a nuestra convocatoria hace escaso año y medio, ha sido sorprendente, tanto en el número de participantes, como especialmente en la representatividad de los académicos vinculados, que constituyen lo más significativo del actual pensamiento sobre integración latinoamericana en América latina y en Europa. De allí la enorme responsabilidad que tenemos de contribuir con reflexiones adecuadas, a la identificación de soluciones para relanzar y profundizar la integración en el continente, en un contexto mundial particularmente difícil para las relaciones internacionales y para la integración.

La generalización de un amplio proceso globalizador de carácter multidimensional, desde finales de los años ochenta, soportado en grandes cambios tecnológicos, condujo a un mundo interconectado e interdependiente, favorable a la apertura y a la inserción internacional. Así, la integración latinoamericana y caribeña, pasó en la década de los noventa de un regionalismo cerrado y proteccionista de décadas anteriores, a un regionalismo abierto de economía de mercado y de inserción en la economía global, fundamentado en acuerdos regionales y organizaciones multilaterales, que priorizó los vínculos económicos y el libre comercio en la CAN, el MERCOSUR, el Mercado Común Centroamericano y CARICOM. Pero el regionalismo abierto implicó un freno a la armonización de políticas y a la construcción de mercados comunes previstos en los procesos de integración, pues era suficiente profundizar la fase del libre comercio.

Los ajustes a comienzos del siglo XXI hechos por los gobiernos denominados progresistas, de un regionalismo postliberal o posthegemónico; no sólo reorientó los procesos de integración hacia lo político y lo social, sino que en casos como el ALBA y algunos integrantes del MERCOSUR, planteó un modelo neoproteccionista, de desarrollo endógeno y antiimperialista, que dividió ideológicamente la integración en América Latina.

Tal división se vio agravada con el surgimiento en la presente década de un proceso defensor del libre comercio y la inserción internacional, como es la Alianza del Pacífico (AdP); con las divisiones producidas al interior de la CAN y del SICA por concepciones opuestas sobre desarrollo e integración, y con los recientes cambios políticos producidos en Argentina y Brasil hacia un nuevo regionalismo abierto. Esto ha afectado la continuidad y buen funcionamiento de organizaciones recientes como la UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se encuentran semiparalizadas en su accionar. La realidad es pues, la de una integración latinoamericana sin rumbo preciso, que navega entre regionalismo abierto, regionalismo postliberal y regionalismo estratégico hacia afuera.

A estas dificultades en Latinoamérica se suman otras en la integración europea con las oleadas migratorias, la desconfianza hacia las instituciones comunitarias y el resurgimiento de peligrosos nacionalismos que ocasionaron el retiro del Reino Unido de la Unión Europea, y que han motivado al Presidente Macron a proponer una refundación de la integración europea.

Y lo que terminó de convencer a la academia de no permanecer indiferente y contar con un Grupo de Reflexión, han sido los cambios en la geopolítica mundial con la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump y su avasalladora política de «América first». En este congreso se hará referencia más detallada a este difícil contexto mundial, por lo cual solo menciono ciertos hechos, que evidencian cada día, la conveniencia de haber creado el Grupo de Reflexión del GRIDALE y el alcance de nuestras responsabilidades.

Los fundamentos del sistema internacional están siendo alterados y desconocidos por el presidente Trump. El trato a México, con muro fronterizo, maltrato a la inmigración y renegociación a la fuerza del NAFTA; la denuncia del acuerdo nuclear con Irán; las medidas proteccionistas frente a Europa y la alteración de las relaciones transatlánticas; el desconocimiento del acuerdo de París sobre cambio climático y de las Resoluciones del Consejo de Seguridad; la apertura de la embajada de EEUU en Jerusalén; el ultimátum en materia comercial y las represalias a China, y el no acompañamiento del G-7; son medidas de fuerza que minan el multilateralismo, los acuerdos comerciales existentes y el diálogo y la estabilidad del sistema internacional, al considerar a varias regiones amigas como un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, mientras se cede el liderazgo de la apertura mundial y del proceso de globalización a China. 

Los hechos someramente indicados, justifican la necesidad de que la academia interactúe en la identificación de alternativas y dimensiones de las reformas a llevar a cabo, en la reorientación de los procesos de integración de América latina, en temáticas tan variadas como las que se han establecido en los cuatro grupos de trabajo.

El Grupo 1, sobre la razón de ser de la integración en el siglo XXI y la conveniencia de una nueva conceptualización teórica de la integración latinoamericana que otorgue claridad a los objetivos a alcanzar;

el Grupo 2 sobre armonización multidimensional de políticas para superar la disyuntiva entre integración económico-comercial e integración político-social, en un contexto mundial de desarrollo sostenible que incorpora nuevos temas a armonizar;

el Grupo 3 sobre limitaciones en la institucionalidad que perjudican la gobernabilidad mundial y la necesaria profundización de espacios de participación en una gobernanza multinivel, hasta ahora inexistente en América Latina, que refuerce el papel de las regiones y de la sociedad civil;

y el Grupo 4 sobre revalorización y reforzamiento de lo multilateral ante la generalización de negociaciones regionales y bilaterales, que reducen las condiciones favorables a alcanzar por los países en desarrollo, con el fin de recuperar un entorno multilateral que facilite a los procesos latinoamericanos de integración, una mejor inserción en un mundo multipolar.

En los trabajos a desarrollar, sería conveniente el mantenimiento de principios fundamentales e inamovibles de la integración, como la concepción universalista kantiana de un sistema internacional de vínculos sociales transnacionales, donde la política internacional es un juego cooperativo; que marque la diferencia frente a la concepción hobbesiana de una política internacional basada en el ejercicio de la fuerza en una sociedad anárquica, en la que los intereses de cada Estado son incompatibles con los del otro, con la anulación de la cooperación y las dificultades para la integración.

Esta concepción idealista es la que puede permitir a la integración latinoamericana recuperar propósitos asociativos y mancomunados propios de la integración y desarrollar soberanías compartidas, en vez de la integración actual a medio construir, sin continuidad, sin institucionalidad suficiente, sin voluntad política que la sustente, diseñada desde posicionales nacionales aislacionistas, influenciadas por hiper presidencialismos caudillistas característicos de buena parte de los gobiernos latinoamericanos.

El rescate de unas ideas y unos principios fundamentales de la integración, se debe acompañar de una contextualización teórica que acompañe las negociaciones en los procesos para tener unos objetivos de adónde se quiere llegar, de una hoja de ruta que evite la improvisación y los retrocesos.

La integración en América latina debe superar modelos de desarrollo divergentes de un regionalismo abierto neoliberal y un regionalismo postliberal neoproteccionista y estatista, para avanzar hacia lo que el INTAL ha llamado un «regionalismo inteligente», que concrete el acercamiento entre la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR.

Que pase como sugiere Dani Rodrik, del Estado benefactor al Estado innovador, con apoyo a la transferencia de tecnología en sectores estratégicos que mejoren su competitividad, para atender no sólo los mercados regionales sino los mercados globales. Con el reto para los procesos de integración latinoamericanos, de acomodarse a los cambios de tecnologías disruptivas de una cuarta revolución industrial, como la robótica, la nanotecnología, la biogenética, la impresión 3D, la informática del futuro, internet de las cosas y la inteligencia artificial.

El mundo actual es el del conocimiento y la innovación, y la integración se debe adaptar a este contexto internacional. Desde la periferia se siguen colocando rubros primarios, mientras se compra a los del centro productos de alta y media tecnología. Luego de una inconveniente reprimarización de las exportaciones latinoamericanas en la década pasada, que hizo perder avances en la modificación de la estructura exportadora lograda en los procesos de integración en las décadas de los años 80 y 90; se debe impulsar la incorporación de valor agregado y el emprendimiento mediante el desarrollo de cadenas globales de valor que permitan colocar rubros con contenido tecnológico.

Para el aprovechamiento de estos encadenamientos productivos, la integración latinoamericana debe profundizar los proyectos de integración física y conectividad contemplados en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) y en el Proyecto Mesoamericano (Antiguo Plan Puebla-Panamá), con transparencia en las obras de conectividad física frente a los altos niveles de corrupción.

Es responsabilidad también de la integración latinoamericana, alcanzar un desarrollo social y sostenible que reduzca la inequidad y acabe con los riesgos ambientales, a través de nuevas herramientas de trabajo y de hábitos más respetuosos con el medio ambiente, que contribuyan a avanzar en la mitigación y adaptación al cambio climático; así como a la creación de nuevas oportunidades de negocios vinculadas a la bioeconomía y la agricultura sostenible.

A nivel institucional, la ALADI podría brindar un marco de negociación adecuado e instrumentos apropiados y sub-utilizados como los diferentes tipos de acuerdos de alcance parcial, para llevar adelante la «convergencia en la diversidad» en el espacio regional latinoamericano, de países del Mercosur, de la Alianza del Pacífico y del Sistema Centroamericano, con el establecimiento de vasos comunicantes entre los procesos de transformación productiva y la inserción internacional de los dos bloques.

En aspectos normativos de la gobernabilidad mundial, las dificultades para finalizar la Ronda de Doha y la peligrosa estrategia unilateralista del presidente Donald Trump, son un grave riesgo para la continuidad del marco multilateral de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La situación se agrava con el desarrollo por fuera de la OMC de acuerdos «mega-regionales», con temas OMC plus, de estándares más exigentes que trasladan fuera del marco multilateral la definición de normas en materias ambientales y laborales, derechos digitales o la solución de diferencias entre Estados y corporaciones, que van más allá de lo que los países en desarrollo lograrían en una negociación multilateral.

¡Estamos ad portas de una peligrosa guerra comercial y del desmantelamiento del marco multilateral! Esta coyuntura otorga mayor validez y responsabilidad al Grupo de Reflexión, en la formulación de recomendaciones que permitan la reactivación de lo multilateral como marco para la inserción internacional de los procesos de integración latinoamericanos, en un mundo multipolar pero compartimentado.

Y para lograrlo, se debe aprovechar que todavía la integración regional cuenta con amplio consenso entre los latinoamericanos, como lo muestra un reciente estudio del Latinobarómetro, en el que 7 de cada 10 personas consultadas, apoyan la integración en términos económicos, y 6 de cada 10, apoyan también la integración política; y por procesos de integración, 81% de los ciudadanos del MERCOSUR y 74% de los de los países de la Alianza del Pacifico (AdP), están de acuerdo con la integración económica latinoamericana.

Los académicos agrupados en el GRIDALE tenemos pues grandes responsabilidades frente a la crisis de la integración y al cuestionado orden mundial; y debemos interactuar organizadamente en la identificación de alternativas y dimensiones de las reformas a llevar a cabo, de la reorientación de los procesos de integración, de la cohabitación de modelos diferentes de desarrollo en un contexto de desarrollo sostenible y de la sustentación conceptual de un marco teórico que otorgue claridad y precisión a los objetivos a alcanzar en los procesos de integración de América latina. ¡Ese es el alcance de los trabajos a desarrollar en este Congreso y de los subsiguientes trabajos del GRIDALE!

Muchas gracias

Muito obrigado