| RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

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Carlos F. Molina del Pozo

Cátedratico Jean Monnet de Derecho Comunitario | Cátedratico de Derecho Administrativo
Universidad de Alcalá

España

Me corresponde hoy dar cuenta del nuevo libro que acaba de publicar un buen amigo, tarea que asumo con mucho gusto. Se trata del estudio sobre los «Límites del Estado» redactado por J. M. de la Cuétara en forma de ensayo de fácil lectura. Su hilo conductor es la separación entre los ámbitos público y privado, en la línea de los clásicos estudios sobre el «Gobierno limitado». El tema es, hoy, de renovado interés, toda vez que la confusión de tareas públicas y privadas a que nos están llevando la posmodernidad y la globalización pide a gritos que aclaremos las cosas.

El libro tiene tres partes. La primera se dedica a explicar el actual desencanto de la población con los políticos y la vida política actuales, que achaca a la endémica expansión del aparato del Estado y a la ocupación de sus instituciones por un entramado de manipuladores muy activo. Resultan muy convincentes los siete vectores que el autor considera determinantes de la actual debilidad del Estado, que son: a) tamaño excesivo; b) burocratización; c) fragmentación; d) ocupación de sus instituciones, e) desgobierno generalizado; f) apesebramiento de la población; y g) aturdimiento de la Sociedad Civil.

La segunda parte desarrolla su propuesta de acción para superar el problema expuesto, rotulada expresivamente «La necesaria contención del Estado». Es destacable la forma en que lo hace, con unos análisis rigurosos apoyados en autores de primera fila y en conceptos sociales avanzados, tales como los de «partitocracia» o «élites extractivas». La «curva de trascendencia social», con la que el autor acredita que lo público debe ocupar siempre menos espacio social que lo privado, es un instrumento analítico de gran interés difícilmente rebatible.

En la última parte se incluye un desarrollo pormenorizado de cada una de las tres barreras de contención del Estado que el profesor de la Cuétara propone: reconocer, amparar y proteger el espacio propio de la Sociedad Civil; proclamar y sostener los derechos de las generaciones futuras; y entregarles unas instituciones sanas y en buen funcionamiento. Aunque, de entrada, resulta un tanto sorprendente ver los derechos de las generaciones futuras como un freno eficaz a la adiposidad de los Estados occidentales contemporáneos, los daños ambientales, deudas insostenibles y degradación ambiental que las generaciones presentes estamos proyectando a las venideras son prueba evidente de que debemos pensar en ellas; hacerlo a través del reconocimiento de unos derechos colectivos de amplio alcance es lo lógico

En las cien páginas de esta tercera parte de la Cuétara acredita tanto su calidad de jurista experto en Derecho público -como catedrático de Derecho Administrativo que es-, cuanto su gran capacidad de observación y análisis social. Sus anteriores publicaciones, «La Actividad de la Administración» (1983), «Las Potestades Administrativas» (1986), o «Fundamentos de Derecho Público» (2011), ya lo habían testimoniado, pero ahora aporta un notable grado de finura constructiva de instituciones sociales; basta leer sus epígrafes sobre los «observatorios especializados» de la Sociedad Civil, o a los nuevos «frenos y contrapesos» institucionales, para comprobarlo.

Fiel a su carácter de ensayo, este libro propicia la reflexión. Lo hace, por supuesto, desde la primera a la última página; pero, en las finales, no solo aporta dos interesantes casos de estudio, sino también añade cinco ideas sobre las que -nos dice- conviene seguir reflexionando. Es una amable invitación de su autor, con la que viene a confirmar que su obra es realmente una llamada a la acción. Con mi felicitación por el trabajo realizado, cerraré esta presentación con el párrafo final de sus páginas introductorias, en el que sintetiza su pensamiento como sigue:

…Permítanme concluir estas líneas con la siguiente reflexión:

Necesitamos un Estado equilibrado y bien dimensionado. Sabemos lo que es y conocemos su valor. Españoles y europeos estamos permitiendo su deterioro. Nuestros Estados contemporáneos han engordado y necesitan una cura de adelgazamiento. Precisamos revertir su hipertrofia. Políticos codiciosos y burócratas egoístas medran en ella. Debemos frenarlos. La clave estriba en distinguir bien lo público y lo privado y dar a cada uno lo suyo. Bastaría con simplificar la Administración, pensar en las generaciones futuras y respetar más las instituciones; iniciando cualquiera de estas tres acciones, las otras se activarán espontáneamente. ¿Cuándo empezamos?