| ARTíCULO

Keywords

Cambio Climático
Política Ambiental
Acuerdo de París

Abstract

Para evitar que el Cambio Climático cause estragos en la Tierra, el mundo debe reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero y apostar por la adopción de energías renovables en vez de los combustibles fósiles durante las próximas décadas.

Tras años de intentos fallidos, en diciembre de 2015 fue adoptado por unanimidad el primer Acuerdo climático universal en la Conferencia de las Partes celebrada en París (COP21), entrando en vigor el 4 de noviembre de 2016. Con el Acuerdo de París se pretende establecer un marco mundial integral y jurídicamente vinculante que exija la actuación de todas las economías importantes. Empero, ¿su implementación será finalmente la solución a este fenómeno? ¿Es realmente viable?

 

N.° 1 (Enero-Marzo de 2017)
Enero de 2017
99-111

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I. Introducción

El Cambio Climático se ha convertido en un tema de actualidad a nivel internacional principalmente durante las últimas décadas (incrementándose en mayor medida en el Siglo XXI); en las cuales, las Organizaciones Internacionales, las ONG y Gobiernos se han abocado en llevar a cabo medidas de mitigación y adaptación para afrontar las repercusiones que este fenómeno ha causado, así como para lograr una solución viable al problema en los años venideros.

Pero, ¿qué es el Cambio Climático? Acorde a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) [1], se define al Cambio Climático como: “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables la variación global del clima de la Tierra[2]. Las razones de este Cambio Climático pueden ser múltiples, esto es, puede deberse a variaciones naturales del clima (temperatura, precipitaciones, nubosidad, etc.) o ser consecuencia de la acción humana, ya que como bien sabemos, el hombre por naturaleza tiende tanto a crear como a destruir. Es algo inherente a su persona. A su esencia. Ergo, contamina.

Concatenado con lo anterior, el mismo texto de la Convención, define los gases de efecto invernadero (GEI) como “aquellos componentes gaseosos de la atmósfera, tanto naturales como antropógenos [3], que absorben y remiten radiación infrarroja”. En otras palabras, son la retención del calor del Sol en la atmósfera de la Tierra por parte de una capa de gases en la atmósfera. Sin ellos la vida tal como la conocemos no sería posible, ya que el planeta sería demasiado frío. Entre estos gases se encuentran el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano, que son liberados por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles.

Una interpretación muy amplia de este fenómeno consiste en que la energía irradiada por el Sol entra en la atmósfera terrestre [4] en forma de rayos ultravioletas y calienta la corteza terrestre. Esta a su vez irradia energía hacia el espacio, en forma de rayos infrarrojos, pero una parte de dichos rayos queda atrapada en la atmósfera y es reflejada nuevamente hacia la corteza terrestre por una especie de cortinaje compuesto de los denominados gases de efecto invernadero; esto hace que se produzca un calentamiento del clima en general. Cuanto mayor es la cantidad de estos gases mayor es la cantidad de energía que queda atrapada, lo que a su vez aumenta la temperatura.

De tal modo, es que con el paso de los años y los avances industriales esta concentración de gases ha venido aumentado hasta el punto que la naturaleza ya es incapaz de equilibrar las emisiones tal como lo hacía en un principio [5].

Por ende, el interés o regulación por el medio ambiente ha resultado para el hombre ineludible. Podría decirse que comienza con la Declaración de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, signada en Estocolmo, Suecia en junio de 1972, la cual proclamó que los conocimientos y las acciones del hombre se utilizaran para conseguir mejores condiciones de vida, pero estableciendo normas y medidas que evitaran que se causaran daños al medio ambiente. La declaración establece 26 principios que tienen por objeto la utilización racional de los recursos naturales en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

Sin embargo, es a partir de la denominada Cumbre de la Tierra [6] en donde se abrió realmente una ruta en la que ya no ha habido marcha atrás, encauzando a los gobiernos a tomar medidas para otorgarle mayor relevancia a su política ambiental y, sobre todo, teniendo como principal baza lograr la mitigación del Cambio Climático.

Dentro de esta lucha, destacan el Protocolo de Kioto y el Régimen comunitario de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea (EU ETS por sus siglas en inglés). El Protocolo de Kioto representó un importante paso adelante en la lucha contra el calentamiento global, ya que recogía el compromiso jurídicamente vinculante de los países desarrollados de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en, al menos, un 5,2% con respecto al nivel de 1990 durante el período 2008-2012. Actualmente se encuentra dentro de su segundo período 2013-2020, empero, la no participación de Estados Unidos y el desentendimiento de otros -como Rusia- para el segundo período ha lastrado el éxito del mismo.

Por su parte el EU ETS se encuentra en su tercer período (2013-2020) y ya se está confeccionando la cuarta fase. Este mecanismo es el pilar de la Unión Europea en su lucha contra el Cambio Climático y opera en 31 países [7]. Funciona según el principio de límites máximos y comercio de derechos, esto es, el denominado “cap and trade”. En él se establece un límite sobre la cantidad total de determinados gases de efecto invernadero que pueden emitir instalaciones incluidas en el régimen. El límite se reduce con el tiempo de forma que las emisiones totales desciendan. Después de un primer endeble, el sistema ha tenido varias modificaciones -sobre todo para su tercera fase- que lo han robustecido para convertirlo en un mecanismo que reduce aproximadamente el 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. Sin embargo, ha sido muy criticado por ser un mecanismo que opera a través de esquemas de mercado financiero en donde la comercialización, la compensación y la especulación se confeccionan como el estandarte de una política ambiental a la que no pocos tildan de infectiva alegando que obedece a una esencia meramente lucrativa.

Así pues, tras la primera Conferencia de las Partes celebrada en Berlín en el año de 1995, y diversos instrumentos y mecanismos para paliar los efectos del Cambio Climático -como los citados con antelación-, es que en diciembre de 2015, las Partes llegaron a un acuerdo sobre el clima universal, en la COP 21: el denominado Acuerdo de París.

Este es un acuerdo que se puede considerar histórico, ya que fue aprobado para la unanimidad por las Partes de la Convención [8]. Pero, para su entrada en vigor, requería ser ratificado por al menos 55 Partes en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que representa el 55% de las emisiones globales de gas de efecto invernadero.

De tal modo, el 21 de septiembre de 2016, al margen de la 71ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 31 países depositaron sus instrumentos de ratificación facilitando lograr el primer umbral de 55 Partes [9]. El segundo umbral para la entrada en vigor de este Acuerdo (el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero), fue logrado el 5 de octubre de 2016, gracias al depositado en las Naciones Unidas de los instrumentos de ratificación por parte de la Unión Europea y de Nepal [10].

Por consiguiente, el Acuerdo de París ha entrado en vigor oficialmente después de 30 días, es decir, el 4 de noviembre de 2016, por lo que ahora habrá que ver si realmente las Partes logran poner en marcha de forma eficiente este Acuerdo para convertirse en lo que muchos apuntan como histórico, o bien, se quede estancado y naufrague como un proyecto ambicioso pero inviable.

II. Contenido del Acuerdo

El Acuerdo de París se encuentra conformado por 29 artículos y tiene como principal objetivo mantener el calentamiento por debajo del límite de los 2ºC, con respecto a los niveles preindustriales. Para ello, los Estados han establecido el objetivo de reducir las emisiones de CO2 en un 50% para el 2050 y el 100% para el año 2100.

Amén de lo anterior, podemos destacar como sus principales fundamentos los que a continuación se detallan [11]:

El Acuerdo reconoce la necesidad de que las emisiones globales toquen techo lo antes posible, asumiendo que esta tarea llevará más tiempo para los países en desarrollo. Asimismo, incluye la importancia de conseguir una senda de reducción de emisiones a medio y largo plazo, coherente con un escenario de neutralidad de carbono en la segunda mitad de siglo, es decir, un equilibrio entre las emisiones y las absorciones de gases de efecto invernadero.

En el mismo orden de ideas, compromete a todos los países a que, cada cinco años, comuniquen y mantengan sus objetivos de reducción de emisiones, así como la puesta en marcha de políticas y medidas nacionales para alcanzar dichos objetivos.

Concatenado con lo anterior, incluye un ciclo de revisión o sistema de ambición que establece que, cada cinco años (empezando en 2023), es necesario hacer un balance del estado de la implementación del Acuerdo respecto al objetivo de los 2ºC.

A su vez, pone en valor la importancia de adaptarse a los efectos adversos del Cambio Climático, estableciendo un objetivo global de aumento de la capacidad de adaptación y reducción de la vulnerabilidad, en un contexto en el que todos los países se están enfrentando a los impactos derivados del cambio climático. La adaptación debe definirse a nivel de país, de forma transparente y valorando cuestiones transversales. Los países han de participar en los procesos de planificación, así como presentar y actualizar periódicamente comunicaciones sobre adaptación.

También, este Acuerdo sienta las bases para una transformación hacia modelos de desarrollo bajos en emisiones. Para ello, se cuenta con un importante paquete financiero que ayudará a la implementación del Acuerdo y que deberá construirse sobre la base del objetivo, para los países desarrollados, de movilización de 100.000 millones de dólares anuales, a partir de 2020, a través de distintas fuentes. Este objetivo se revisará al alza antes de 2025.

Del mismo modo, exhorta, por primera vez, a los países en desarrollo a que proporcionen financiación de manera voluntaria; si bien se mantiene el liderazgo de los países desarrollados a la hora de movilizar recursos financieros. Asimismo, reconoce la importancia de fortalecer las capacidades de los países en desarrollo. De ahí la creación de un Comité para el fortalecimiento de capacidades (Comité de París), con el fin de detectar lagunas y necesidades en países en desarrollo en esta materia.

En la misma tesitura, refuerza el sistema actual de transparencia y rendición de cuentas de la CMNUCC para fortalecer la confianza entre los países, sobre la base de un sistema de información claro y común, en particular sobre cifras de emisiones y absorciones de gases de efecto invernadero y apoyo proporcionado y recibido.

Finalmente, crea un Comité, destinado a facilitar la aplicación del Acuerdo y promover su cumplimiento, por todas las Partes. Este Comité tiene naturaleza facilitadora, no contenciosa y no punitiva.

Ahora bien, como sabemos su pronta entrada en vigor ha marcado las negociaciones que han tenido lugar en la Cumbre de Marrakech (COP 22) en noviembre de 2016. Pero ¿qué avances se han obtenido en Marrakech tras casi un año de la firma del Acuerdo?

Pues bien, en esta Conferencia (COP 22) se ha marcado un calendario claro y ambicioso para finalizar el llamado Paris rule book, en virtud del cual, en 2018, deberán estar listas todas las disposiciones que permitan la implementación efectiva del mismo. Además, en 2017 habrá una revisión sobre el estado de situación de los trabajos realizados para su implementación. Este Programa de trabajo da respuesta al mandato acordado en la Cumbre de París, manteniendo el equilibrio de todos los intereses de las Partes. En este sentido, cabe destacar que se ha avanzado en las discusiones relacionadas con el carácter, diversidad y alcance de las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (NDCs, por su siglas en inglés), en las que los países comunican y aumentan sus objetivos de reducción de emisiones, así como la puesta en marcha de políticas y medidas nacionales para alcanzar dichos objetivos. Asimismo, se han dado los primeros pasos para desarrollar el Marco de Transparencia reforzado para acciones y apoyo del Acuerdo. El Marco se basará en tres elementos comunes a todos los países y se apoyará en la experiencia adquirida y en la flexibilidad para aquellos países en desarrollo que la requieran. Los tres elementos que configuraran el Marco de Transparencia son:

  1. Un sistema claro de información de las acciones de mitigación y adaptación emprendidas por los países, de las emisiones de gases de efecto invernadero y de las absorciones por sumideros, y del apoyo prestado o recibido a las acciones para hacer frente al cambio climático, apoyo financiero, transferencia de tecnología y fomento de capacidades.
  2. Un sistema de evaluación para la revisión técnica de la información que se presente.
  3. La consideración del progreso realizado a lo largo del tiempo.

Aunado a lo anterior, en materia de pérdidas y daños, se ha revisado el Mecanismo Internacional de Varsovia [12] para pérdidas y daños asociados al Cambio Climático, mejorando su efectividad mediante la aprobación de un nuevo Programa de Trabajo quinquenal que incorpora nuevos elementos como los desplazamientos, migraciones y movilidad humana, así como la gestión de riesgos. Por último, en relación al desarrollo y transferencia de tecnología se acordó reforzar el Mecanismo Tecnológico de la Convención y mejorar sus sinergias con el Comité Ejecutivo de Tecnología y el Centro y Red de centros tecnológicos.

Por otra parte, se ha suscrito la llamada “Declaración política de Marrakech”, que recoge la expresa determinación de la comunidad internacional de avanzar en la lucha contra el Cambio Climático y contribuir a la consecución de los objetivos de Desarrollo Sostenible. En la Declaración se reconoce de forma expresa que la transición hacia un modelo bajo en emisiones y una sociedad resiliente a los efectos del Cambio Climático es irreversible.

Finalmente, como resultado del trabajo que se está llevando a cabo en las diferentes áreas temáticas, las “Paladinas del Clima” [13], lanzaron la Alianza de Marrakech por la Acción Climática Global. Esta Alianza busca canalizar todas las iniciativas de los agentes no gubernamentales para la consecución de los compromisos acordados en la Cumbre de París (COP21). En el marco de la Alianza por la Acción Climática Global, se establece un programa de trabajo anual en el que habrá reuniones técnicas que servirán para mejorar la colaboración y eliminar barreras que permitan aumentar las acciones en la lucha contra el Cambio Climático de todos los agentes.

III. Valoración del Acuerdo

Por lo narrado con antelación, la Conferencia de las Partes celebrada en Marrakech se puede interpretar como un éxito si sopesamos que se ha conseguido unir la comunidad internacional para actuar en contra de los efectos por demás palpables del Cambio Climático. Sin embargo, tras 11 días de negociaciones la Cumbre deja la sensación de haber logrado poco. Mucho diálogo pero pocas acciones con verdadera relevancia. Por ejemplo, el posponer la reglamentación de lo acordado en París hasta 2018, o bien, la denominada Declaración de Marrakech que se atiene simplemente a pedir a las partes firmantes del Acuerdo que sigan trabajando en la implementación de éste, dejan sin duda alguna, que no se aterrizó nada trascendente acorde a la envergadura del Acuerdo.

A esto, sumarle que según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los países industrializados solo han contribuido hasta ahora con una mínima parte de lo que aceptaron aportar hasta 2020 al Fondo Verde para el Clima [14], lo cual, arroja dudas sobre el verdadero compromiso de las grandes potencias.

En la misma tesitura, si bien es cierto que el Acuerdo de París acorde a lo que se había establecido en la hoja de ruta de Durban [15], incluye a todos los países, también lo es el hecho que lo hace pero manteniendo el eterno principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y las capacidades respectivas, a la luz de las diferentes circunstancias nacionales. Esto es, si bien todos los países tienen una responsabilidad de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, son los países industrializados los que deben asumir objetivos específicos para alcanzar los objetivos fijados en el Acuerdo.

De entrada, destacar que el Acuerdo manifiesta expresamente la “ambición” para paliar de forma tajante los efectos del Cambio Climático. No obstante, esta ambición queda menguada desde el momento en que su artículo 4 señala que “…las Partes se proponen lograr que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible, teniendo presente que los países en desarrollo tardarán más en lograrlo, y a partir de ese momento reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero, de conformidad con la mejor información científica disponible, para alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción antropógena por los sumideros en la segunda mitad del siglo…”. Proponer es el ánimo o intención de hacer o de no hacer algo, en cambio, hacer es producir algo, es ejecutar, poner por obra una acción o trabajo.

De esta forma, el Acuerdo infiere que conforme se lleve a cabo su proceso de aplicación, las medidas de las Partes serán cada vez más ambiciosas y adoptarán -a diferencia de otros tantos convenios o instrumentos ambientales- estas disposiciones de forma rigurosa apoyándose en la mejor información científica que se tenga.

Lo anterior, aunado al común denominador en materia de Cambio Climático que descansa en “contribuciones determinadas a nivel nacional” deja en suspenso que bajo el Acuerdo se pueda determinar el momento en que eso deba cambiar para algunos países, al menos para los emergentes. Resulta obvio que los países desarrollados tomen la batuta y se comprometan en mayor medida a la consecución de los objetivos plasmados en el Acuerdo, pero el hecho de ser siempre condescendiente con los países en vías de desarrollo y no incitarlos a tomar un papel más relevante tampoco ayuda, más bien afecta y les da la excusa perfecta para tomar un papel pasivo en la materia. La toma de decisiones basadas en idealismos o estratagemas políticos no son la solución para resolver un problema de índole global.

Aquí es cuando se considera que la Unión Europea que ha sido un baluarte en la acción por el clima, debe tener mayor injerencia si es que se quiere que el Acuerdo de París tenga una oportunidad real de ser efectivo. Es menester que exista una responsabilidad total de las Partes en el cumplimiento de sus contribuciones nacionales y financieras y al establecimiento de contribuciones cada vez más objetivas, de conformidad con la mejor información científica disponible. De lo contrario, consideramos que el Acuerdo está condenado al fracaso ya que, por un lado, al ser ya 125 Partes que han ratificado el Acuerdo -y contando- si no se hace una delimitación estricta de su reglamentación, la modificación o reforzamiento de las normas y procedimientos se irá haciendo cada vez más difícil al ir aumentando el número de Partes, amén de que hasta el momento las decisiones se basan en consenso. Por otro, al no tener el Acuerdo una fecha de caducidad determinada, su propia inmovilidad hará muy difícil su modificación o que cualquier Parte pueda salirse del marco para establecer acuerdos alternativos. Además ¿quién se encargará de supervisar el cumplimiento de las obligaciones de las Partes? ¿Será creado un órgano de control autónomo? ¿Existirán sanciones en caso de incumplimiento?

Por consiguiente, cabría preguntarnos si no estamos abordando mal esta problemática. Esto es, al ser el Cambio Climático un problema que aqueja a toda la humanidad, lo que se ha pretendido siempre es hacer una coalición global para poder solucionar dicho problema (lo cual es por demás lógico), pero, si lo analizamos más ampliamente, paradójicamente esto nos arroja otro problema de igual o mayor complejidad: el cómo encuadrar que todas las Partes -con diferencias políticas, económicas, sociales, etc.- se encuentren comprometidas al mismo grado y se supediten cabalmente bajo una misma directriz para la consecución de los objetivos.

En ocasiones, se da el caso que quedamos paralizados por una cantidad de circunstancias que explican una situación problemática y eso nos impide entender que a veces hay circunstancias marginales que son más fáciles de adoptar que no resuelven la complejidad de los problemas, pero que en relación a la situación de partida son sustantivamente mejores.

De lo anterior, se considera que aunque el camino que se ha tomado es el más obvio, si éste no se aterriza de forma escrupulosa, podría resultar contraproducente. Esto, podría llevarnos a pensar en contra de la corriente, es decir, quizás se produzcan mejores resultados partiendo de la integración de un menor número de Partes o países, pero que se encuentren realmente comprometidos a proteger el medio ambiente, y de esta forma combatir esta problemática de índole internacional por contradictorio que parezca.

IV. Conclusiones

Entendemos que ya sea a nivel doméstico, comunitario o internacional, los Estados deben cumplir con la función de resolver los problemas que aquejan a la sociedad en todos sus ámbitos. Esto, por supuesto que es una tarea compleja, ya que son muchos los factores que intervienen sobre cada ámbito específico. Definir un problema es ver las alternativas de solución que existen a partir de los recursos y de las capacidades que desde la posición de cada Estado, como ejecutante, puede tener. En consecuencia, toda política arranca a partir de la concentración de que existe un problema de sobre el cual la propia interacción social no acaba de resolverlo y por lo tanto se exige la participación e implicación de los poderes públicos, con el objeto de que la política que se imponga propicie una oportunidad de mejora.

El Dr. Antoni Castells [16] ha señalado que uno de los problemas que parece que no entienden los políticos, es que la política se basa en la realidad. Esta obviedad apunta, ha propiciado muchísimos de los problemas que se tienen en la vida política por ignorar este principio tan evidente. Afirma “el problema de la política es que se debe basar en la realidad desde mi pensamiento político para transformarla, no para dejarla donde está”.

Así pues, transformar la realidad para mejorarla es todavía más complejo cuando nos encontramos en una era que predomina el gobierno multinivel, haciendo relación al papel que juegan las distintas escalas de gobierno.

Ahora bien, en el caso que nos ocupa, cabe hacer mención que el Acuerdo de París muestra voluntad y ambición por marcar realmente una diferencia ante la problemática creciente del Cambio Climático. Sin embargo existe un problema. Y es que el tema del Cambio Climático está permanentemente ligado a un tema estratégico mucho más tradicional -y con muchos intereses económicos de por medio- como es el referido al acceso a las fuentes de energía. Esto es así porque vivimos en una sociedad dependiente de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo), particularmente del petróleo, como fuente de energía primaria. Y, como es sabido, los combustibles fósiles son los grandes emisores de dióxido de carbono (CO2), que a su vez es el más importante de los gases efecto invernadero (GEI) de raíz antropogénica, con más del 76% del total de éstos. Particularmente el petróleo, el cual se ha convertido en el componente más importante de la matriz energética mundial, con el 40% de toda la energía empleada. Además su versatilidad lo ha transformado en una sustancia en extremo útil para el modo de vida contemporáneo y, para hacer aún más complejo este problema, todas las proyecciones señalan que, salvo algún fenómeno extraordinario, la demanda de energía seguirá aumentando producto de una economía mundial abanderada por un capitalismo desenfrenado, que ha perdido la perspectiva del todo lo que conlleva el vivir en una sociedad civilizada. Los daños al medio ambiente por tanto, se encuentran estrechamente relacionados con nuestro modo de vida, y por ello, el desequilibrio medioambiental existente es producto -en su mayor parte- del mundo industrializado en el que vivimos.

Por ende, la gran problemática que se vislumbra, es que durante las próximas décadas la dependencia sobre los combustibles fósiles no parece que vaya a menguar. Pese a los avances y esfuerzos que se han realizado por diversificar la matriz energética a nivel mundial, esta sigue dependiente de los combustibles fósiles, máxime que las energías renovables tienen un alto costo de implementación. Sumado a esto, como ya se mencionó en líneas anteriores, tanto el Protocolo de Kioto como el Régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea, siendo referentes en materia de mitigación del Cambio Climático, no han logrado el éxito pretendido.

Así pues, aunque el Acuerdo de París se erige como la nueva baza para dar solución al fenómeno de Cambio Climático, a nuestro parecer el horizonte se vislumbra complejo por las razones vertidas en líneas anteriores. Y si a esto sumamos el hecho de que el futuro [17] Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, parece estar en contra del Acuerdo, y que Rusia aún no lo ha ratificado, esto nos deja entrever un panorama aún más intrincado, teniendo en cuenta de que al ser 2 de los países que más contaminan su desentendimiento al propio Acuerdo haría muy difícil la consecución de sus objetivos, y por ello, habría que replantearse el cómo abordar este problema, ya que a más de dos décadas de encontrarnos “enfocados” en darle solución, se denota que las repercusiones van en aumento y los mecanismos empleados hasta la fecha no han logrado mermar este fenómeno de forma sustancial aunque los políticos se empecinen en decir lo contrario.

Notas:

[1] La mayor parte de los países se adhirieron a la Convención para reducir el calentamiento atmosférico y adoptar medidas para hacer frente a las inevitables subidas de la temperatura. Su máxima autoridad es la Conferencia de las Partes (COP en sus siglas en inglés) y actualmente 197 Partes han ratificado la Convención.

La COP se encarga de mantener los esfuerzos internacionales por resolver los problemas del Cambio Climático. Examina la aplicación de la Convención y los compromisos de las Partes en función de los objetivos definidos los nuevos descubrimientos científicos y la experiencia conseguida en la aplicación de las políticas relativas al Cambio Climático.

La COP se reúne todos los años desde 1995, contando hasta la fecha con la celebración de 22 Conferencias (Berlín, Ginebra, Kioto, Buenos Aires, Bonn, La Haya-Bonn, Marrakech, Nueva Delhi, Milán, Buenos Aires, Montreal, Nairobi, Bali, Poznan, Copenhague, Cancún, Durban, Doha, Warsaw, Lima, París y Marrakech). En 2017, la COP será celebrada en noviembre en la ciudad alemana de Bonn.

[2] Artículo 1.2 del texto de la Convención Marco de las Naciones Unidas (CMNUCC) hecho en Nueva York el 9 de mayo de 1992. A mayor abundamiento, este texto también define en su artículo 1.1 por “efectos adversos del cambio climático” a los cambios en el medio ambiente físico o en la biota resultantes del cambio climático que tienen efectos nocivos significativos en la composición, la capacidad de recuperación o la productividad de los ecosistemas naturales o sujeción a ordenación, o en el funcionamiento de los sistemas socioeconómicos, o en la salud y el bienestar humanos.

[3] De origen humano o derivado de la actividad del hombre.

[4] La cual se encuentra formada por 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno, 0.33% de dióxido de carbono, y el resto lo componen diversos gases como el metano.

[5] Tan solo en el siglo XX la concentración de gases aumentó un 30% con relación al siglo XIX.

[6] Llevada a cabo en Río de Janeiro del 3 al 14 de junio de 1992, fue la cumbre mundial del medio ambiente más grande hasta ese entonces realizada. En ella, se procede a la firma del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

[7] Los 28 países de la Unión Europea e Islandia, Liechtenstein y Noruega.

[8] Fue aprobado el 12 de diciembre de 2015 por 195 países con la intención de reorientar la economía mundial hacia un modelo bajo en carbono.

[9] Antes de esa fecha ya habían ratificado 29 Partes, entre ellas los Estados Unidos. Vid. http://unfccc.int/paris_agreement/items/9444.php

[10] Al día de hoy 125 Partes – de las 197 – han ratificado el Acuerdo.

[11] Véase Acuerdo de París publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea con fecha 19 de octubre de 2016.

[12] Véase: https://unfccc.int/portal_espanol/informacion_basica/resultados_de_varsovia/items/8033txt.php

[13] Laurence Tubiana (Embajadora de Francia a cargo de las negociaciones sobre Cambio Climático), y Hakima El Haite (Ministra delegada del Ministerio de Energía, Minas, Agua y Medio Ambiente de Marruecos).

[14] Acorde a datos de la OCDE solo han contribuido con una quinta parte de los 100.000 millones de dólares para el principal mecanismo financiero de Naciones Unidas para apoyar acciones de mitigación y adaptación al Cambio Climático en los países en desarrollo.

[15] Véase: http://unfccc.int/meetings/durban_nov_2011/session/6294/php/view/decisions.php#c

[16] Doctor en Economía y Catedrático de la Universidad de Barcelona.

[17] Toma posesión de su cargo el 20 de enero de 2017.

Bibliografía:

  • Acuerdo de París
  • Agencia Europea del Medio Ambiente: http://www.eea.europa.eu/articles/beyond-paris-making-low-carbon
  • Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
  • GILES CARNERO, Rosa, Cambio Climático, Energía y Derecho Internacional: perspectivas de futuro, Aranzadi Edit., 2012.
  • Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente: http://www.mapama.gob.es/es/cambio-climatico/temas/cumbre-cambio-climatico-cop21/
  • Organización de las Naciones Unidas: http://newsroom.unfccc.int/es/acuerdo-de-paris/
  • Unión Europea: http://ec.europa.eu/clima/policies/international/negotiations/paris_es
  • REMIRO BROTÓNS, Antonio [et al.]. El Cambio Climático en el Derecho Internacional y Comunitario, Fundación BBVA, Bilbao, 2009.