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Carlos F. Molina del Pozo

Cátedratico Jean Monnet de Derecho Comunitario | Cátedratico de Derecho Administrativo
Universidad de Alcalá

España

Verdaderamente estamos viviendo unos momentos intensos y complicados en el contexto de la Historia en general, y del desarrollo de los procesos de integración de manera particular. Es bien sabido que existen la buena y la mala globalización, y que -como venimos sosteniendo desde hace décadas- el mejor y más eficaz antídoto para luchar contra la mala globalización es la integración. Sin embargo, el mundo está preso de sus propios compromisos y no es capaz de reaccionar positivamente para lograr consolidar los variados procesos de integración en curso repartidos por todas partes y en trance de vertebración. Semejante actividad impide la realización del método de la integración y su aplicación convencional en el territorio erosionado por la existencia de numerosos acontecimientos de alcance local o, en ocasiones, con efectos y consecuencias más amplias e irreversibles, para alcanzar los objetivos inicialmente previstos.

La situación que atraviesan numerosos países en el continente americano no permite avanzar en sus respectivos procesos de integración regional. Se trata de auténticas crisis de carácter político que están impidiendo el desarrollo de las estrategias integradoras, si bien hay que advertir que, las mismas se están llegando a producir motivadas por unas desafortunadas gestiones públicas internas que hacen saltar a las respectivas ciudadanías. La situación de injusticia social que soporta tradicionalmente la población, la impregnación a todo lo público, el populismo en la política y en ciertos partidos políticos que tocan directamente a muchos líderes en distintos países, la pobreza extrema que se detecta como algo adherido a las mismas capas de la población siempre, así como otras muchas y variadas causas que puedan observarse en los distintos países, resultan ser un evidente motivo de impracticabilidad de los postulados que favorezcan los procedimientos aplicables a un auténtico proceso de integración regional en América Latina. Así, países como Ecuador, Chile, Venezuela, Brasil, Colombia, Bolivia, etc., vienen atravesando otoños (para los europeos) caracterizados por los estallidos de las poblaciones respectivas, que son más o menos violentos, pero que, sin duda, ponen de manifiesto la urgencia de resolver diferentes circunstancias y problemas que se han instalado en su interior desde hace años y que se constatan como imprescindibles de resolver para un normal desarrollo de la vida social, política y económica.

Por otra parte, también es constatable la grave irresponsabilidad de ciertos políticos, con influencia mundial, en sus planteamientos y acciones cotidianas, que ponen en enorme peligro la estabilidad de las relaciones políticas y económicas del planeta. Nos referimos a las intransigentes medidas y actitudes populistas que lleva a cabo el Presidente de los EE.UU., el cual pone en riesgo alto el «estatu quo» que existía en las relaciones entre países desde hace décadas. Llenos de perplejidad nos dejan muchísimos de sus comportamientos internacionales, como la apertura de conflictos comerciales con China o con países de la Unión Europea, por sólo citar un par de «guerras comerciales» abiertas, que provocan enormes incertidumbres en los mercados y grandes desajustes de la economía a nivel internacional. Todo ello no es que favorezca, precisamente, el fenómeno de la integración dentro del contexto mundial, antes bien, provoca reacciones adversas y excesivos planteamientos nacionalistas en la actividad económica internacional.

En otro orden de cosas, es preciso decir también que, en la Unión Europea tampoco nos hallamos en un momento de brillantez extrema, y ello provocado por situaciones devenidas como el Brexit, que ya definitivamente se confirma para el próximo 31 de diciembre de 2020, luego del triunfo por mayoría absoluta del sostenedor implacable de la salida del Reino Unido de la Unión, hace unas semanas, y que descarta finalmente la posibilidad de repetición de un nuevo referéndum entre la población británica que fue engañada y no bien informada en la pasada consulta que acabó exigiendo el Brexit a la Unión Europea.

También algún Estado miembro de la Unión, como es el caso de Polonia, viola en ciertas de sus actuaciones los derechos fundamentales que se hallan insertos en la Carta Europea y que, como tales, son parte del art. 6 del TUE, produciendo, consecuentemente, el no cumplimiento del Derecho originario de la Unión por parte del Estado miembro referido. Semejante situación ha provocado en la Unión Europea el requerimiento de la aplicación del previsto para estos supuestos art. 7 del TUE, el cual tras un largo y complicado procedimiento para su aplicación práctica, terminará con toda probabilidad excluyendo temporalmente a Polonia de su participación en la toma de decisiones de la Unión y hasta tanto duren los incumplimientos del señalado Estado miembro.

Asimismo, la complicada o inexistente política de inmigración de la Unión Europea pone de manifiesto, en mayor cantidad de ocasiones que las deseadas, una escasa voluntad política de encontrar remedio a la acuciante problemática de los inmigrantes de todo tipo, quebrantando de esta manera, las mínimas reglas establecidas por el propio ordenamiento jurídico de la Unión Europea, llegando, incluso, a incumplirse postulados y principios que lo son en el marco del Derecho Internacional clásico. En efecto, se alcanzan, por ejemplo, acuerdos para el reparto y distribución de los inmigrantes entre los países de la Unión para luego no cumplirlos, o bien, se establecen pactos con terceros países, de dudosa legalidad, para el control de los ciudadanos que salen de sus países de origen y pretenden llegar a territorio comunitario, para a continuación no aplicar ni cumplimentar lo establecido y fijado en los mencionados pactos (es el caso del acuerdo con Turquía). En fin, se nos antoja de una urgencia absoluta el llegar a determinar con claridad y contundencia las normas que sean capaces de articular y poner en marcha una auténtica política inmigratoria en el seno de la Unión Europea que venga a resolver, de una vez por todas, las anómalas y, en ocasiones, vergonzosas situaciones de ciudadanos que deciden salir de sus países, no por placer sino por verdadera necesidad, para dirigirse hacia la Unión Europea en donde esperan encontrar el objetivo de todo ser humano de vivir la vida en mejores condiciones y con mayor calidad.

Por otra parte, hay que considerar que, además de los problemas políticos que vamos comentando, también se están produciendo ciertas cuestiones que presentan un carácter estrictamente económico y que, sin duda, agravan el conjunto de la situación que afecta actualmente a los procesos de integración, tanto en América Latina como en Europa.

Nos estamos refiriendo a la posición sostenida por los EE.UU. frente a otras partes del mundo en lo referente a sus relaciones comerciales, posición que está provocando sucesivas guerras comerciales de EE.UU. con China, con ciertos países de la Unión Europea, etc. La política comercial que impone la Presidencia del mencionado país americano no favorece, a nivel global, un florecimiento de las economías, sino que, por el contrario, muestra unos resultados sintomáticos de la progresiva caída de la economía en el conjunto de la Unión Europea.

Sin embargo, la Unión Europea, puede decirse, que está viviendo internamente momentos intensos en los últimos meses. En el pasado mes de junio se han celebrado elecciones en todos los Estados miembros para la renovación del Parlamento Europeo. Muchos eran los temores sobre la irrupción exagerada en la institución asamblearia, de los partidos populistas y de la extrema derecha; no obstante los miedos, los ciudadanos han demostrado con sus votos, que no se iban a producir semejantes resultados. Es cierto que la extrema derecha populista ha logrado avanzar en su presencia en el Parlamento Europeo, pero no ha sido tanto ni tan fuerte el impacto de su presencia en la institución colegisladora de la Unión Europea, siendo que el Grupo Conservador ha vuelto a conseguir la mayoría de la Cámara, seguido por el Grupo Socialista y por el Liberal, lo cual ha mantenido la continuidad en la conformación del Parlamento Europeo, tanto en su Presidencia, como en la mayor parte de las Comisiones Parlamentarias y restantes órganos de funcionamiento interno.

A pesar de cuanto acabamos de exponer, sí que parece necesario prestar atención al fenómeno populista que se está arraigando en la estructura política interna de bastantes Estados miembros, como resulta evidente en países como Francia, Alemania, Italia o España, para resolver el porqué de su instalación en sistemas democráticos clásicos y el incremento de su presencia, debido al voto de la ciudadanía, en la vida institucional nacional y supranacional de la Unión Europea. Los populismos no parecen el mejor remedio a los problemas por solucionar y zanjar, ni a escala nacional ni tampoco comunitaria.

No queremos finalizar este comentario, sin resaltar la mención del hecho que, probablemente, más impacto ha tenido en estos últimos meses y que es consecuencia directa de las ya referidas elecciones del mes de junio del 2019 al Parlamento Europeo.

En efecto, hemos de reseñar el hecho de la existencia de una nueva Comisión Europea, institución que, por vez primera, está presidida por una mujer. Así, luego de filigranas políticas y territoriales realizadas por los Jefes de Estado y/o de Gobierno de los Estados miembros, se llegó al acuerdo de designar para presidir la Comisión Europea a la alemana Ursula von der Leyen, la cual organizó su equipo interno de gobierno de la forma siguiente: tres vicepresidentes ejecutivos con las competencias directas en materia de cambio climático, entorno digital y economía. Además, hay ocho vicepresidentes, entre los que se encuentra el español José Borrell, antiguo Presidente del Parlamento Europeo y que, en la actualidad, desempeñaba las funciones de Ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de España. El Comisario español fue, así mismo, designado nuevo Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior. De igual manera, y una vez elegido el nuevo Presidente del Parlamento Europeo el eurodiputado italiano David Sassoli, por la primera institución del sistema constitucional comunitario, los Jefes de Estado y/o de Gobierno decidieron el nombramiento del belga Charles Michel para ocupar la Presidencia del Consejo Europeo, y a la francesa Christine Lagarde para presidir el Banco Central Europeo en sustitución de Mario Draghi. Con ello culminó el proceso de nombramiento de los nuevos altos cargos de las instituciones de la Unión Europea para el período que abarca desde 2019 hasta 2024, fecha en la que habrán de celebrarse las próximas elecciones al Parlamento Europeo.

Pues bien, importante parece destacar cuáles son las prioridades y objetivos marcados por la nueva Comisión Europea, presidida -como se ha dicho- por la alemana Ursula von der Leyen y formada de la manera más paritaria de la historia, es decir, doce mujeres y quince hombres. En efecto, las principales materias objeto de atención por parte del Ejecutivo de la Unión, vienen delimitadas sobre la base de la preocupación prioritaria por dos o tres grandes temas, a saber: 1) la lucha contra el cambio climático, para lo que se ha impulsado un acuerdo denominado Pacto Verde Europeo (Green Deal); 2) la regulación de la economía digital; y, 3) el refuerzo del llamado Pilar Social Europeo. Así, pues, las tareas que deben potenciarse en el futuro de la Comisión Europea, resultan fundamentales para conseguir alcanzar grandes retos de la sociedad europea que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía y aporten beneficio al conjunto del proceso de integración en Europa, sirviendo de modelo al resto de experiencias integradoras en el mundo, especialmente a los procesos en curso en América Latina, espacio regional con el que la Unión Europea comparte objetivos y valores implantados y que gozan de larga y amplia tradición. En este mismo sentido, resaltar que la gran prioridad señalada por el nuevo Alto Representante de la Unión para la Política Exterior, no es otra que el incremento de la relación, así como la atención preferente y especial con América Latina y sus diferentes procesos de integración. Ojalá se sepa aprovechar esta nueva oportunidad que se presenta para los próximos cuatro años de la legislatura que se acaba de iniciar. Será hacia la consecución de este fin que habrán de dirigirse todos los esfuerzos y concentrar la actividad de nuestros políticos en ambos Continentes.