| DOCTRINA

Palabras clave | Keywords

Regionalismo
Unión Europea
Cambio demográfico

Resumen | Abstract

La coyuntura de los últimos meses con la crisis del Covid-19 ha puesto de manifiesto las diferencias y vulnerabilidades entre las regiones europeas. Asimismo, hemos tenido la ocasión de constatar cómo la población veterana era la más afectada, tanto por el impacto del virus como por las medidas que se adoptaban en relación del distanciamiento social y del propio confinamiento, llegando, incluso, a quedarse la mencionada población de mayor edad, aislados completamente, ya fuera en sus domicilios particulares o en sus lugares de residencia habitual.

Carlos F. Molina del Pozo

Cátedratico Jean Monnet de Derecho Comunitario | Cátedratico de Derecho Administrativo
Universidad de Alcalá

España

I. Introducción *

La coyuntura de los últimos meses con la crisis del Covid-19 ha puesto de manifiesto las diferencias y vulnerabilidades entre las regiones europeas. Asimismo, hemos tenido la ocasión de constatar cómo la población veterana era la más afectada, tanto por el impacto del virus como por las medidas que se adoptaban en relación del distanciamiento social y del propio confinamiento, llegando, incluso, a quedarse la mencionada población de mayor edad, aislados completamente, ya fuera en sus domicilios particulares o en sus lugares de residencia habitual.

Hay que destacar que, con anterioridad a esta situación de pandemia que atravesamos, existían diversos informes sobre el cambio demográfico y las consecuencias que el mismo generaría, directa o indirectamente, sobre el desarrollo regional en el conjunto del territorio europeo, poniéndose de relieve, de esta manera, el papel destacado y la importancia que presenta la ciencia demográfica.

Encontramos un dictamen del Comité Europeo de las Regiones («La respuesta de la UE al reto demográfico»; DOUE C 17 de 18 de enero de 2017), que ya en 2017, definía el cambio demográfico como uno de los mayores desafíos de la Unión Europea. Esto se debía -puede decirse- a los desequilibrios entre el Este y el Oeste de Europa, aunque también podían apreciarse entre los países del Norte y del Sur, llegando a observarse con enorme nitidez, las diferencias existentes entre las distintas regiones de estas señaladas zonas geográficas.

El Comité Europeo de las Regiones señalaba en su dictamen que, el impacto económico y social del cambio demográfico afectaba, así mismo, a la sostenibilidad de las pensiones, a los sistemas sanitarios y al entronizado Estado del Bienestar, en términos generales.

En el citado documento se consideró que, la respuesta más adecuada para hacer frente a los referidos desafíos demográficos, no era otra que la promoción de la actividad productiva y el empleo, adoptando políticas de apoyo a las familias y medidas de conciliación; asimismo, se destaca la necesaria adaptación de los servicios sanitarios y sociales al progresivo envejecimiento de la población; y, también, la elección de medidas tendentes a la imprescindible transformación de determinadas políticas en el ámbito de los transportes en sus distintos tipos y manifestaciones.

La Unión Europea se caracteriza por la convivencia y coexistencia de sus distintas culturas y por la idiosincrasia de los Estados miembros, todo lo cual queda recogido y debidamente expresado en su lema «Unida en la Diversidad». Por consiguiente, la demografía no debe servir como fuente e instrumento de factores típicos de discriminación, sino que, por el contrario, se hace preciso realizar un análisis completo de las causas y consecuencias que motivan y dan lugar a sus cambios, de manera que se consigan evitar las inoportunas e ineficaces disparidades que tienden, por lógica, a producirse entre las diferentes poblaciones y los distintos territorios geográficos que conforman las diversas regiones.

El informe que en las siguientes páginas vamos a analizar, supone el inicio de los futuros trabajos que deberá llevar a cabo la Comisión Europea, al objeto de determinar el mejor camino a seguir que permita ayudar a construir una sociedad más justa y resiliente de cara a los próximos años.

Con lo anteriormente expresado no se pretende en absoluto sostener, que el objetivo consista en establecer frenos a los cambios demográficos, sino que, en nuestra opinión, resulta esencial llegar a poseer los conocimientos y soluciones suficientes y adecuados, que permitan lograr que la ciudadanía europea avance como un conjunto homogéneo hacia un futuro con mayor seguridad de acceso a los sistemas sanitarios o de bienestar social que, en definitiva, nos aproximen y definan al estatus por el que somos internacionalmente conocidos los europeos.

En consecuencia, es constatable cómo la Comisión Europea utiliza las previsiones de población para conocer y calibrar el impacto que manifestarán las poblaciones envejecidas en lo que se refiere al gasto público. De este modo, por ejemplo, el aumento en atención sanitaria, como hemos tenido la ocasión de observar con motivo de la crisis actual, conllevará a un incremento de la carga para la población en edad laboral.

Puede decirse, sin ningún género de dudas que, ese referido estudio, nos posibilitará establecer y examinar las cuestiones de mayor importancia que se deberán incorporar y destacar en el futuro Libro Verde de la Comisión Europea en materia de envejecimiento y zonas rurales, en la actualidad en preparación.

Finalmente, queremos aclarar que, en el citado Informe de la Comisión, se tratan proyecciones, es decir, únicamente hipótesis basadas en los datos con los que contamos actualmente, pero que no sirven para reflejar exactamente el futuro.

II. Origen del cambio

El Informe de la Comisión Europea sobre los efectos del cambio demográfico [1] pone de manifiesto, entre otras muchas cosas, que la población europea tiende a vivir más, en hogares más pequeños y con menos hijos, causas todas ellas que contribuyen muy determinantemente a que pueda apreciarse cómo cada año somos una población más envejecida. Ahora bien, podemos constatar la existencia de grandes divergencias entre las regiones de un mismo país y, en consecuencia, entre los distintos países que forman la Unión Europea.

Fundamentalmente, nos fijaremos en el hecho de que, se pueden diferenciar con total nitidez seis factores que están produciendo el cambio anunciado y que coadyuvan a la implantación de la alteración de la tendencia hasta hace poco tiempo existente. Los aludidos factores que, a continuación analizaremos, son los siguientes: mayor esperanza de vida, menos nacimientos, envejecimiento de la población, hogares más pequeños, mayor movilidad y, por último, los cambios en el tamaño de la población.

Desde 1970 se viene observando la existencia de un claro aumento de la esperanza de vida, la cual se establece, aproximadamente, en una media de diez años tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres. De hecho, las proyecciones llevadas a cabo por Eurostat determinan la posibilidad de una nueva subida de siete años y medio aún más de la esperanza de vida, para el año 2070.

Ahora bien, se advierte de que, será en función y dependiendo del Estado miembro en el que vivan las personas implicadas, que ese aumento tendrá una mayor diferenciación. El anuncio realizado pone de relieve que los Estados miembros de la zona del Este tendrán una esperanza de vida inferior al resto de países de la Unión y entre hombres y mujeres habrá mayor desemejanza o diferenciación, ya que, por ejemplo, en Lituania la brecha será de 9 años, mientras que en los Países Bajos será inferior a 4 años.

De igual manera, el buen estado de salud también variará, sobre todo, teniendo en cuenta el país en el que se vive, ya que un sueco, por ejemplo, gozará de una buena salud durante 73 años, mientras que un letón sólo la mantendrá durante 51 años.

El siguiente indicador muestra una evidente disminución del número de nacimientos, iniciándose la tendencia actual en 1960 y abarcando un periodo amplio de tiempo que llega hasta 1990. Sin embargo, en este sentido y, a pesar de que a principios del siglo XXI la media de nacimientos se estabilizó, en la actualidad, puede decirse que, el dato estadístico nos pone de relieve que ha vuelto a descender, estando consolidada  en un hijo por cada mujer, hecho éste que sitúa la tasa de nacimientos por debajo de la cifra que mantiene constante el crecimiento de la población, sin tener en cuenta el fenómeno de la migración, la cual representa el doble de la que se produce en un país de la Unión Europea normalmente, es decir, de dos hijos por mujer.

Se considera que, una de las causas que motivan el hecho de que las familias tengan menos descendientes es debido a que, estadísticamente, las mujeres suelen ser más mayores en edad cuando tienen su primer parto.

Lo cierto es que, en efecto, puede apreciarse que, el bienestar social en el que vive instalada la sociedad europea, está procurando que la media de edad de la mujer cuando da a luz su primer hijo, aumente de manera ostensible en las últimas décadas, motivo por el cual puede afirmarse que, con claridad, se aprecia un progresivo y notable envejecimiento de la población, proyectándose que, para el año 2070, la mayoría de las personas, más del 50% de la población, serán mayores de 49 años, es decir, que la posibilidad de vida podría alcanzar la mediana de los 49 años, lo que supone un incremento de cinco años más respecto a la cifra que se obtiene en estos momentos.

Pues bien, como consecuencia directa de cuanto acabamos de manifestar, se podrá apreciar un aumento de las personas que pertenezcan y se encasillen en grupos de edad más avanzada, estimándose que, en el año 2070, más del 30% de la ciudadanía europea tendrá 65 años o más, estando ese porcentaje un 10% por encima de la media actual. Del mismo modo, se espera que se produzca un evidente descenso de las personas que estén en edad laboral, es decir, aquéllas que tengan entre 20 y 64 años.

En este orden de ideas, se observa cómo el descenso de la población se manifiesta siempre en hogares más pequeños, poniéndose de relieve que, un tercio de todos ellos, está compuesto por una sola persona y que se experimenta un claro aumento de los hogares en los que habitan personas de 65 años o más, que viven solas. Cabe destacar que, la gran mayoría de viviendas de hoy en día, puede decirse que están ocupadas por parejas sin hijos, una sola persona o familias monoparentales.

Asimismo, puede afirmarse que, la movilidad de las personas, ya sea como consecuencia del ejercicio del derecho a la libre circulación, característico de la ciudadanía europea, o ya sea debido a los naturales desplazamientos de los nacionales provenientes de terceros Estados que visitan el territorio de la Unión, afecta al cambio demográfico en cuanto se considere a nivel nacional o regional.

Con lo anteriormente expuesto queremos decir que, la movilidad como tal no influye decisivamente en el tamaño de la población de la Unión Europea en su conjunto, pero sí que presenta una gran afectación y una enorme incidencia en cuanto se refiere, por ejemplo, a la estructura de edad catalogada por regiones. Este aserto encuentra su fundamento en el hecho de que, normalmente, las personas que deciden marcharse a otro país a vivir, suelen estar incluidas en los censos de edad laboral.

No obstante, aún en este momento, todavía no conocemos cuales serán los efectos provocados por las limitaciones de movimientos producidos durante la vigencia de las medidas de emergencia, adoptadas en todos los Estados miembros de la Unión, desde que fuese declarada la pandemia en el pasado mes de marzo. En este contexto, no puede olvidarse que, por lo general, el territorio europeo es tenido, tradicionalmente, como un continente de inmigración.

Como señalábamos más atrás, el último de los indicadores del origen no es otro que el cambio en el tamaño de la población. Desde el año1960 del pasado siglo, la ciudadanía ha crecido de manera constante y exponencial en el espacio geográfico de los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Sin embargo, puede mantenerse que, como contrapartida, es necesario poner de relieve que, los referidos aumentos, tendrán una afectación diferente dependiendo de cuál sea el Estado miembro de que se trate.

En el mismo sentido, por ejemplo, es constatable cómo Bélgica, Luxemburgo o Chipre han experimentado un crecimiento notable de la población, mientras que, por el contrario, Bulgaria, Rumanía o Letonia han sufrido un claro descenso en la cifra total de sus habitantes.

En la medida en que, el número de nacimientos ha descendido y el porcentaje de fallecimientos ha aumentado, las proyecciones de una futura demografía europea muestran que se producirá un pico de subida, dentro de aproximadamente unos 20 años, siendo, además, que, a partir de ese momento, empezará a disminuir de modo progresivo.

No obstante, es conveniente añadir que, mientras que unos Estados miembros, como, por ejemplo, Polonia o Italia, sólo se registrarán descensos de la población hasta el año 2070, habrá otros, como es el caso de Dinamarca o Luxemburgo, en los que se observará un crecimiento exponencial a lo largo de todo el período indicado.

III. Consecuencias en el futuro de la ciudadanía europea

Siguiendo con el Informe de la Comisión, observamos que, tras analizar las causas de los cambios demográficos, la institución comunitaria inicia un estudio sobre los efectos de dichos cambios en la economía de mercado, así como el impacto que los mismos presentan sobre   la propia sociedad europea.

Por todos es conocido que, el COVID-19, con sus complicadas medidas de contención adoptadas, como la paralización de las actividades económicas y el distanciamiento social, ha tenido una clara afectación en nuestros sistemas sanitarios, en los presupuestos de los Estados miembros de la Unión y, que duda cabe, hasta en la habitual y característica forma de vivir de la ciudadanía europea.

Asimismo, puede decirse que, el cambio demográfico también ha repercutido en la influencia del virus causante de la pandemia, ya que como hemos reseñado, las ciudades y las zonas urbanas han sido, generalmente, las más damnificadas.

En consecuencia, las acciones que están siendo adoptadas por los Gobiernos y por la propia Unión Europea, se están caracterizando por encauzarse en la senda que proporcione una panoplia amplia y variada de medidas eficaces, de manera que sirvan para poder ayudar, con su colaboración, en todos los ámbitos en los que sea posible.

En consecuencia, tras analizar los principales resultados del cambio demográfico, examinaremos las propuestas de la Unión para ayudar a los Estados miembros en la recuperación económica y social de los próximos años.

Como ya sabemos, por un lado, el envejecimiento en la población tiene como consecuencia que el mercado laboral se reduzca, iniciándose dicho declive hace 10 años y existiendo la proyección que permite pensar que, para el año 2070, habrá un 18% menos de personas en edad laboral, debido al indicado envejecimiento de la población.

No obstante las diferencias que se constatarán en función de que se trate de un Estado miembro o de una región geográfica concreta, se prevé que, en este año 2020, el número de personas empleadas habrá alcanzado un pico o nivel máximo que irá descendiendo de manera paulatina a lo largo de los próximos años.

En las previsiones económicas conocidas en la primavera de 2020 [2], a pesar de mencionar el hecho de que todavía no se conocían todos los efectos que estaba provocando el COVID-19, se señalan numerosos cambios, tanto en nuestra sociedad como en la economía, incluso en el supuesto de producirse la mediación de una respuesta rápida, válida y eficaz por parte de la Unión Europea y de los Estados miembros.

En el mismo sentido, se determina que, como venimos poniendo de relieve en estas páginas, habrá evidentes y notables diferencias en la caída de la producción, a lo largo del año 2020, y la posterior recuperación de la misma, prevista para finales del año 2021, dependiendo de la estructura económica que presente cada uno de los Estados miembros. Asimismo, se prevé un aumento de la tasa de desempleo que tendrá mayores consecuencias en aquellas regiones con una menor población en edad laboral.

En consecuencia, en el Informe, la Comisión establece que, será necesaria la participación o inclusión en el mercado laboral, de todas las personas que, actualmente, están menos representadas. Por ende, debemos tener en cuenta también, la posibilidad de que durante la pandemia estos aludidos grupos de personas infrarepresentadas, hayan perdido o tenido que dejar, por distintas circunstancias, sus respectivos trabajos.

En el citado contexto, por ejemplo, las mujeres, en ciertos países de la Unión donde no existen posibilidades de trabajo flexible o cuidados de larga duración, han tenido que abandonar su puesto de trabajo, aumentando así la brecha de empleo entre hombres y mujeres. De ahí que sea necesaria una efectiva oportunidad de conciliar la vida laboral y familiar.

Siguiendo con los ejemplos, la apertura del mercado laboral a las personas con discapacidad, nos permitiría crear una sociedad más justa, al igual que invertir en educación, ya que más del 10% de los jóvenes europeos desatienden sus estudios prematuramente.

La generalización en la aplicación de estas medidas, ayudarían y contribuirían de modo importante a abrir el mercado laboral a ciertas personas que, hasta el momento presente, han encontrado continua y únicamente obstáculos en la búsqueda de empleos. Además, se coadyuvaría a la consolidación de la lucha contra la discriminación por motivos de sexo, discapacidad o edad.

Pues bien, parece lógico señalar que, el crecimiento de la productividad, la transición digital y climáticamente neutra, serían factores determinantes que permitirían una recuperación más dinámica. Para ello, se hace absolutamente necesario, el desarrollo de nuevas tecnologías que impulsen la productividad, junto con planes de aprendizaje permanente para que, las personas en edad laboral, puedan reciclarse y acceder a nuevas oportunidades de trabajo que se brinden a la población que tiene el derecho al trabajo, en tanto que un derecho fundamental del ser humano.

Es decir, en otras palabras, parece obligada la necesidad de llevar a cabo y realizar una inversión importante sobre las personas y sus capacidades, mediante la puesta en marcha de una acción colectiva por parte, tanto de la industria, como de los agentes sociales y, obviamente, de los propios Estados miembros.

Por otro lado, resulta algo constatable que, la atención sanitaria y los cuidados de larga duración han constituido los instrumentos de mayor eficacia que se han utilizado como la primera defensa contra el COVID-19. Su uso y utilización han venido a mostrar las notables deficiencias en el sistema implantado, así como también los diferentes aspectos que se deben mejorar para evitar futuras situaciones como las que los ciudadanos europeos pertenecientes a un elevado número de Estados miembros, hubieron de sufrir y hacer frente en los primeros meses en que la pandemia estuvo declarada.

En este mismo orden de ideas, conviene señalar que, la Comisión ha propuesto la creación de un programa independiente de auxilio a los Estados miembros, conocido como EU4Health [3].

Esa respuesta sanitaria frente al COVID-19 ha venido a suponer el mayor programa de salud ejecutado en la Unión Europea, pues analizando sus cifras, puede observarse que, ha llegado a presentar una inversión de 9.400 millones de euros para cubrir y garantizar la preparación del conjunto de los Estados miembros, mediante reservas de suministros, personal, transformación digital, etc… Además, el citado programa, permitirá el impulso en las investigaciones contra enfermedades consideradas prioritariamente urgentes, como pueden ser el cáncer o las infecciones resistentes a los antimicrobianos [4].

Asimismo, existen indicaciones que nos ponen de relieve la enorme carencia de personas en la sanidad y los cuidados de larga duración, lo que apunta, con gran nitidez, a la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo del mencionado personal y al urgente refuerzo de las plantillas. Las zonas rurales son las más afectadas por la falta de personal, dado que, en muchos casos, tienen una población más envejecida, requiriendo mucha mayor atención de la que se les viene ofreciendo.

Por consiguiente, se nos antoja incontestable el hecho de que, debe buscarse con la mayor rapidez la manera de mejorar nuestros servicios sanitarios y cuidados de larga duración para que, realmente, sean suficientes, asequibles y de buena calidad. En este sentido, recordar que, no podemos olvidar que la protección de la salud se encuentra recogida, entre otros muchos textos legales, en el artículo 35 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea [5].

Parece evidente que, la atención sanitaria está presente en todos los Estados miembros de la Unión Europea, sin embargo, no todos cuentan con un sistema adecuado de cuidados de larga duración, si entramos a considerar la perspectiva que afecta a la protección social. Con la digitalización se puede mejorar la vida de estas personas, que requieren cuidados más específicos y determinados, pudiendo darse una mayor atención a aquellas que más lo necesitan, sin necesidad de tener que realizar ni siquiera desplazamientos.

Los cambios demográficos que estamos examinando tendrán un mayor efecto también en los presupuestos públicos. De esta manera, puede afirmarse que, el desequilibrio existente entre las personas que pagan impuestos y contribuciones a la seguridad social, es decir, las personas en edad laboral, y aquellas otras que reciben las pensiones u otras prestaciones, está aumentando considerablemente en los últimos años.

Los Estados miembros se han visto obligados a tener que reformar los regímenes de pensiones, debido al aumento de la pobreza experimentado en los grupos de población mayores de 65 años. En consecuencia, los Gobiernos de los distintos países, han tenido que hacer frente a un mayor gasto del previsto inicialmente, en lo concerniente a las personas indicadas, así como en todo lo referido a la atención sanitaria y cuidados de larga duración, por lo que, sin una modificación en profundidad de las políticas, serán insuficientes las acciones que se tomen para hacer frente al gasto público que se hubiere presupuestado.

Parece un hecho constatable que, habitualmente, las mujeres y las personas con discapacidad, tienen más probabilidades de padecer pobreza en la vejez, por lo que una acción que podría reducir esa hipótesis consistiría, como decíamos en páginas anteriores, en aumentar la posibilidad de acceso de las aludidas personas a puestos de trabajo. Consecuentemente, habría más personas en edad laboral trabajando, motivo por el cual, se reduciría el desequilibrio entre este grupo citado y las personas que reciben las prestaciones sociales y las pensiones.

Asimismo y, como contrapartida, también puede mantenerse el criterio de que el envejecimiento de la población presenta determinadas ventajas, dado que, una gran parte de la economía, corresponde al consumo de personas de mayor edad.

Finalmente, el último punto que analiza el Informe como una consecuencia, es el relativo a la afectación por dimensión regional o local. En este sentido, como ya conocemos, las regiones europeas se dividen en tres categorías: urbanas, intermedias y rurales. El tamaño y la densidad de la población es mayor en las zonas urbanas y, de este modo, durante la crisis del COVID-19 que produjo el confinamiento de la población, hemos podido observar que se ha originado una afectación inferior de la pandemia en las zonas intermedias y rurales.

En los últimos años, mientras que las regiones rurales han sufrido un claro descenso de la población, las regiones urbanas, por el contrario, han experimentado un notable crecimiento en la cifra total de su población.

Pues bien, con objeto de proporcionar una respuesta clara y contundente a los movimientos llevados a cabo por los jóvenes, así como a los consiguientes cambios demográficos que dichos movimientos suponen, la Comisión propuso aumentar los recursos de la política de cohesión a través de la creación y puesta en funcionamiento de la iniciativa REACT-EU.

La Ayuda a la Recuperación para la Cohesión y los Territorios de Europa [6] contribuirá al cumplimiento de los objetivos descritos, mediante una recuperación ecológica, digital y resiliente de la economía. En efecto, la cuantía de la ayuda reseñada asciende a la cantidad de 55. 000 millones de euros de fondos adicionales, por lo que no dependerá de ningún programa ni de los recursos de futuros presupuestos anuales. Con la indicada cantidad se prevé apoyar el mantenimiento del empleo y los sistemas de asistencia sanitaria, al mismo tiempo que se expanden las infraestructuras relativas a los servicios básicos, con el fin de que sean capaces de llegar a más ciudadanos, sobre todo en el contexto de ciertas regiones [7].

Ahora bien, la referida iniciativa tendrá que examinar los motivos que pueden llevar a una persona a abandonar una región para poder contrarrestar los efectos que dicho abandono cause.  Normalmente, hemos de convenir que, el aludido desplazamiento se debe a que en las zonas urbanas o intermedias hay más oportunidades de empleo que en las zonas rurales, por lo que suele ocurrir que muchas de aquellas personas que se encuentren en edad laboral, tienden a efectuar los traslados referidos. Asimismo, la accesibilidad y la conectividad de la transición digital, también supondrán una posibilidad de ofrecer empleos atractivos, aumentando las perspectivas económicas de la mayoría de las personas que conforman el grupo de edad laboral.

Ahora bien, en nuestra opinión, las políticas que aborden estos desafíos tendrán que desarrollarse teniendo en cuenta las distintas características de cada región. Por ejemplo y, en relación con la doble transición, las regiones urbanas tendrán que lanzar sus políticas ecológicas para crear más espacios verdes, mientras que las regiones rurales, se deberían centrar en las políticas digitales para impulsar la productividad y el crecimiento económico.

La crisis reseñada, provocada por el COVID-19, ha puesto de manifiesto estas referidas carencias, ya que se ha observado que, en las ciudades se demandaban espacios abiertos verdes para la salud mental, mientras que, en las zonas rurales, la conectividad ha sido insuficiente para hacer frente al teletrabajo.

Además de las respuestas implementadas para ofrecer soluciones a todos estos cambios enunciados, así como a la crisis sobrevenida como consecuencia del COVID-19, que se señalaron con anterioridad, la Comisión Europea ha comunicado a las distintas instituciones de la Unión, toda una amplia serie de nuevas propuestas para ayudar a la recuperación y preparación, pensando en el futuro [8] para la próxima generación.

El primer instrumento adoptado es el denominado Next Generation EU y aportará 750 000 millones de euros para el relanzamiento de la economía. Aunque está previsto el inicio de la recuperación económica en 2021, se cree que ésta será parcial, por lo que las políticas deberán tender ostensiblemente a ayudar a los más perjudicados, entendiéndose incursos en dicho concepto, tanto a las personas como a las pequeñas y medianas empresas.

Asimismo, en base a la demografía, según las regiones y sus respectivas   economías, habrá o se producirá una mayor o menor afectación. Así, hay que entender que, aquéllas que se centren en los servicios de cara al cliente o dependan de lugares y espacios con presencia de clientes, serán con toda claridad las que necesitarán más ayuda.

El denominado Mecanismo de Recuperación y Resiliencia [9] de la Comisión, apoyará financieramente a los Estados miembros con un presupuesto de 560 000 millones de euros, al objeto de que puedan reforzar sus sistemas de asistencia sanitaria y garantizar los servicios en aquellas zonas urbanas o rurales que se encuentren menos capacitadas.

Como mencionábamos anteriormente, este instrumento reseñado está orientado para avanzar en las transiciones ecológicas y digitales, dependiendo de las zonas geográficas y de las regiones, en las que se encuentren distribuidos los distintos proyectos que se hubieren considerado.

Para terminar este punto, también queremos destacar que, el cambio demográfico que -como venimos apuntando- se está produciendo en el contexto de la Unión Europea, asimismo, influye en la proporción de la población mundial. En este sentido, es de advertir como, desde 1960 y hasta 2070, según las proyecciones realizadas, la población europea en proporción con la mundial, va a sufrir un notable descenso, que llegará a situarse nada menos que en un 8%.

IV. El Libro Verde sobre el envejecimiento y la visión a largo plazo para las zonas rurales

Ante todo, nos gustaría recordar que, un Libro Verde es un documento de la Comisión Europea que tiene por finalidad hacer reflexionar a la sociedad europea sobre un tema en específico. Por consiguiente, no se trata de una norma reguladora, aunque lo normal es que sí puede derivar en una disposición normativa, la cual aparecerá recogida en alguno de los posteriores documentos que se elaboran al respecto del tema en cuestión por parte de la Comisión, tales como, por ejemplo, los Libros Blancos [10].

En consecuencia, hemos de decir que, este Libro Verde que se ha indicado, tendrá el claro objetivo de dar respuesta al interés común de la Unión Europea, sus Estados miembros y las regiones, a los efectos del cambio demográfico. Consideramos también que, dada la actual situación de pandemia, el citado Libro Verde habrá de servir, asimismo, como parte fundamental de la acción de recuperación emprendida a escala de toda la Unión Europea tras el COVID-19 y en beneficio de la creación de una Unión Europea más resiliente y justa.

En el mismo sentido, habría que destacar que, el contenido del Informe que venimos examinando, presenta la característica de poder constituir la base inicial adecuada para analizar en profundidad las diferentes cuestiones que se tratarán de abordar en el Libro Verde, junto con otros distintos aspectos relativos al mismo ámbito temático, tales como la soledad, el aislamiento social o la salud mental.

En cuanto al envejecimiento y, teniendo presente la transformación de la pirámide de edad de la Unión Europea, podemos observar que, en la actualidad, la población se caracteriza con total nitidez por manifestar, de forma contundente, un envejecimiento de la cúspide y de la base [11]. Esto viene a significar el hecho por el que, podemos apreciar que, cada vez hay menos infantes pero más ancianos.

El Libro Verde tendrá que analizar, cuáles son las causas que comportan el constatable y relatado descenso de la natalidad, pudiendo ser una posibilidad imaginable para aducir, la propia situación que viene atravesando en los últimos años y que arrastra la economía de los Estados miembros de la Unión, o al menos, de algunos de ellos, lo que provoca de manera inevitable, la falta de estabilidad económica que se proyecta, de modo muy directo, sobre el desarrollo normalizado de la vida de las personas jóvenes. 

En este mismo orden de ideas, pondremos de relieve como, en un documento del Parlamento Europeo [12] se hacía frente a la idea del cambio social y cultural, destacando que, hasta en el mismo siglo XX, las mujeres eran vistas únicamente como madres y trabajadoras en sus propias casas, mientras que, ya actualmente, ellas también pueden acceder a estudios y, por consiguiente, llegar a alcanzar un trabajo digno y en condiciones de normalidad.

Estamos absoluta y plenamente convencidos de que, la solución al problema señalado del descenso de la natalidad, no estriba en procurar hacer que la mujer vuelva a encargarse de sus hijos, sino que es preciso establecer una efectiva conciliación de la vida familiar y laboral, con la finalidad clara de conseguir hacerla más adecuada y amoldada a lo que implica la situación de hoy en día instalada, y no de manera coyuntural, en el conjunto de la sociedad europea.

Asimismo, otra de las causas que pueden apuntarse no es otra que la misma economía. En efecto, la inseguridad económica y el temor a una crisis o a la pérdida del trabajo, obliga a las personas a poner en cuestión el hecho de si se pueden permitir o no tener hijos. La realidad actual de que los jóvenes se independicen más tarde, como consecuencia de la falta de estabilidad económica, también hace que éstos tengan menos hijos, ya que se plantean más tarde esas cuestiones. De ahí que, como reseñábamos en páginas anteriores, se haya producido una notable subida de la edad de las mujeres en lo que se refiere a su primer parto.

Frente al problema del bajo índice de personas en edad laboral, se proponía como solución la inmigración o retrasar la edad de jubilación. Ahora bien, ambas propuestas presentan a su vez nuevas dificultades y cuestionamientos.

Según los datos existentes, en el caso de la inmigración, para compensar la falta de natalidad, sería necesaria, en base a proyecciones hasta el año 2050, la llegada de 56 millones de personas. Sin embargo, con las regulaciones actuales en materia de inmigración, lo apuntado no solucionaría el problema, dado que sería necesaria una apropiada integración de los inmigrantes con el resto de la ciudadanía de Europa, algo que, hoy por hoy, no se aprecia como algo factible de llevar a cabo e implementar.

Consideramos que, la sociedad europea debe continuar reflexionando sobre las actitudes xenófobas que siguen persistiendo en la actualidad y entender que, por ejemplo, sin la inmigración, es posible que, en un futuro no muy lejano, nuestros sistemas de pensiones nacionales no sean capaces de caracterizarse por su sostenibilidad en el tiempo.

Por otro lado, la idea de retrasar la edad de jubilación, a diferencia de la inmigración, acarrearía más problemas que soluciones. Parece evidente que, el sistema de bienestar social que posee, de momento, la Unión Europea, hace que las personas no quieran trabajar más años de los necesarios, ya que prefieren disfrutar del tiempo libre, lo que motivaría su posición contraria a la implantación de esta señalada posibilidad.

Además, las políticas de reciclaje y de educación continua de los trabajadores, han demostrado ser insuficientes y poco eficaces, dado que las empresas prefieren contratar a personal más joven.

En cuanto a la visión a largo plazo para las zonas rurales, el reseñado Libro Verde de la Comisión tiende a considerar la necesidad de aplicar de una manera distinta la política de cohesión. La mencionada política de cohesión presenta, como objetivo prioritario de su actuación, el encargo de reducir las disparidades entre las regiones mediante la utilización de fondos de inversión, basándose en los artículos 174 a 178 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

En el año 2018, la Comisión desarrolló una propuesta, que sería aplicable a partir del año 2020, con la intención de reformar los procedimientos al objeto de que las inversiones fuesen más eficaces. Con esta finalidad se buscaba, entre otras ideas, una mayor conectividad para las zonas rurales, así como conseguir espacios más verdes para las zonas urbanas [13].

Resulta apreciable el hecho de que, por lo general, en todos los Estados miembros de la Unión Europea, podemos constatar la existencia de una sobrepoblación de las zonas urbanas, frente a una gran despoblación de las zonas rurales. Este doble fenómeno se debe a que, las políticas de modernización suelen estar dirigidas hacia las zonas urbanas, motivo por lo que, las zonas rurales se quedan atrás y las personas tienen que trasladarse si quieren mantener el mismo nivel de sus puestos de trabajo, continuar con su idéntico estatus de vida, etc…

En el supuesto de que fuese posible activar y llegar a conseguir la redistribución de la población entre las distintas zonas que ya conocemos que existen, es decir, urbanas, intermedias y rurales, muchos de los dilemas que, en la actualidad, son considerados como prioritarios, dejarían inmediatamente de ser tan importantes. Por ejemplo, habría menos contaminación en las ciudades.

Ahora bien, para que todo lo señalado fuese posible, sería necesario llevar ciertos servicios y completar otros que, para día de hoy, resultan básicos, a las zonas rurales. Por ejemplo, entre ellos encontramos como citables, los medios de transportes públicos, la conectividad a Internet rápida y fiable, la posibilidad de continuar los estudios, etc…

En cualquier caso, primero se debe legislar teniendo en cuenta estas apreciadas diferencias entre las zonas, para así poder ser conscientes y encontrar los matices que se deben dar para que, al avanzar hacia un futuro mejor, no haya poblaciones que se queden atrás o rezagadas. Si ese es el supuesto que en realidad se produce, tal como se ha visto hasta ahora, y nos olvidamos de las zonas rurales, deberemos concluir que, los jóvenes seguirán abandonando sus pueblos de origen para instalarse en las grandes ciudades y las disparidades continuarán creciendo con el trascurso de los años.

Debemos entender y ser conscientes de que, a lo largo de los últimos años, hemos observado como se iba produciendo una modernización constante de nuestras sociedades. Puede decirse que, cada vez más jóvenes pueden optar a unos estudios superiores, que es la primera línea que les hace plantearse el desplazamiento de las zonas rurales, dado que en éstas, no pueden cursar los referidos estudios. Dichas personas, cuando se vayan a las zonas urbanas a estudiar, puede afirmarse que, serán bien pocas las que regresen, pues lo normal será que no volverán a sus pueblos debido a que allí en éstos, no resulta en absoluto sencillo obtener un trabajo relacionado con la formación que han realizado, es decir, un desarrollo laboral en el ámbito de lo que han estudiado y se han preparado para acceder al mercado de trabajo profesional.

Por consiguiente, podríamos afirmar, sin lugar a dudas que, si existiesen posibilidades de que, al volver a las zonas rurales, estas personas tuviesen la certeza de encontrar un trabajo adecuado a sus estudios y formación, muchas de ellas decidirían regresar.

Una opción que ha creado y, desde luego, sí que ha potenciado el COVID-19 para ser aplicada en estos casos, ha sido la del teletrabajo, ya que no será necesario vivir en la misma zona en la que se encuentre su puesto de trabajo, al poder desarrollarlo cada cual desde su propia casa. Ahora bien, como indicábamos en páginas anteriores, se presenta el inconveniente de que, las zonas rurales no están preparadas, en cuanto a conectividad, para poder realizar estas actividades aludidas. Por tal motivo, se nos antoja que es imperativo acometer la transición digital, aunque la misma debe pasar por las zonas rurales.

En cuanto a los temas relativos a la soledad, el aislamiento o la salud mental, consideramos que, lo primero que cabría hacer para tratar de resolverlos, sería hacer ver a la ciudadanía que existen dichos problemas y después plantear fórmulas capaces de atajarlos en la práctica diaria. Desgraciadamente y, a pesar de encontrarnos en el siglo XXI, los conocimientos que tenemos en torno a estas materias citadas, resultan ser más bien escasos y bastante poco profundos.

Por ejemplo, no sabemos exactamente las causas que provocan el aislamiento social o, tampoco los problemas relativos a la salud mental, porque todos ellos dependen de una pluralidad de variantes, así como de la propia vida y estabilidad mental de la persona afectada.

Ahora bien, parece evidente que, sería conveniente invertir en estudios para poder reducir ese manifiesto desconocimiento general. Como ya hemos dicho, esta pandemia ha puesto de relieve la necesidad existente de invertir fuertemente en nuestros respectivos sistemas sanitarios, dado que eso, entre otras cosas, nos permitiría aumentar los cuidados de larga duración, los estudios sobre enfermedades y eficacia de las vacunas aplicables, los diagnósticos acerca de las enfermedades consideradas como raras, etc…

V. Conclusiones

Con la pandemia originada por el COVID-19, se han enfatizado problemas ya existentes en la sociedad europea y, como consecuencia, la Unión Europea debe buscar una manera de hacer frente a esos cambios para que no sean tan altamente perjudiciales para el conjunto de la ciudadanía.

La elaboración de las políticas debe centrarse en torno a lo que supone la realidad existente en el ámbito territorial de las regiones, de manera que sea posible, progresivamente, reducir las disparidades entre las distintas regiones y, de este modo, poder integrar consideraciones demográficas. Es debido a la descrita situación por lo que se debe aplicar la política de cohesión entre las regiones e intentar legislar teniendo en consideración el hecho de que, no todas las regiones se enfrentan a los mismos obstáculos y poseen idénticas ventajas. Es decir, se debe intentar fomentar el crecimiento equilibrado entre las tres reiteradas zonas ya conocidas: urbanas, intermedias y rurales.

Se estima como algo absolutamente necesario de llevar a cabo la tarea de priorizar las oportunidades de apoyo para los jóvenes, ya que si éstos vislumbran la posibilidad de desarrollar su vida en zonas rurales, parece claro que, obviamente, habrá menos desplazamientos. En cambio, en las ciudades y núcleos urbanos, será preciso invertir en la creación y mantenimiento de mayores espacios verdes, abiertos completamente al uso del público.

Asimismo, la respuesta que ofrezca la Unión Europea debe enmarcarse dentro del contexto propio y característico de una visión amplia, que coordine el conjunto de la totalidad de las acciones emprendidas por los Estados miembros, ya que nos encontramos en presencia de una temática completa y rigurosamente de carácter transversal. Esto supone e implica que, la aludida respuesta que proporcione la Unión, se verá notablemente afectada por las distintas acciones que sean adoptadas en relación y dentro del marco referencial existente con otras políticas públicas.

Por ejemplo, en cuanto a la política de salud, será necesario incrementar la asignación de los pertinentes recursos, de manera que ello pueda permitir establecer un preciso aumento de las plantillas de los centros sanitarios, hospitales y residencias de mayores, para que, en el supuesto de que aparezcan nuevos rebrotes o, incluso, de que se produzca una futura pandemia, no nos encontremos otra vez con los sistemas sanitarios de los Estados miembros alta y peligrosamente sobrecargados.

Por otra parte, es necesario reducir la brecha existente entre las personas en edad laboral que estén cotizando y el grupo de las personas que reciben las prestaciones sociales y las pensiones, dado que el sistema que tenemos actualmente está demostrando ser insostenible en el tiempo. Resulta evidente que, se debe invertir en la conciliación familiar y laboral para que los europeos no tengan que elegir entre mantener su puesto de trabajo o tener una familia.

La Unión Europea es conocida y caracterizada por su amplio y completo sistema de bienestar social, motivo por lo cual, no se puede olvidar, ni tampoco dejar atrás, a los más mayores. No podemos aceptar los niveles actuales de pobreza en las personas que tienen más de 65 años, ni las cotas existentes de soledad que se constatan en este colectivo.

Estamos completamente convencidos de que, el futuro de la Unión Europea pasa por revisar el conjunto de las legislaciones, de los presupuestos y de todo aquello que sea necesario, con la estricta finalidad de evitar estos problemas reseñados. Asimismo, se debe concienciar a la sociedad mayoritariamente para que entienda la necesidad de invertir en una política sanitaria adecuada, en un desarrollo apreciable de las investigaciones y en la oferta de ayudas concretas a la ciudadanía europea, que sirvan para paliar o, al menos mitigar parcialmente, las situaciones conflictivas que se dejan entrever para los años futuros, aunque no demasiado lejanos, en el tiempo.

Notas:

* El autor quiere dejar constancia de su agradecimiento a Nuria Puentes Ruiz, colaboradora de mi Cátedra Jean Monnet «ad personam» de Derecho de la Unión Europea, en la Universidad de Alcalá, por su inestimable apoyo en la preparación de este trabajo.

[1] Comisión Europea. «Informe de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité Europeo de las Regiones sobre los efectos del cambio demográfico». COM (2020) 241 final de 17 de junio de 2020. Recuperado de: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:52020DC0241&from=EN.

[2] Comisión Europea. «Previsiones económicas de primavera de 2020: una recesión profunda y desigual, una recuperación incierta». 6 de mayo de 2020. Recuperado de: https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/ES/ip_20_799.

[3] Comisión Europea. «EU4Health programme for a healthier and saferUnion». Recuperado de: https://ec.europa.eu/health/sites/health/files/funding/docs/eu4health_factsheet_en.pdf.

[4] Comisión Europea. «EU4Health 2021-2027 – Una visión de una Unión Europea más sana». Recuperado de: https://ec.europa.eu/health/funding/eu4health_es.

[5] Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, DOUE C 2020 de 7.6.2016, p. 389/405.

[6] Comisión Europea. «Presupuesto de la UE para la recuperación: preguntas y respuestas sobre REACT-EU, la política de cohesión posterior a 2020 y el Fondo Social Europeo Plus». Recuperado de: https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/qanda_20_948.

[7] Comisión Europea. «Cohesionpolicy at the centre of a green and digital recovery». Recuperado de: https://ec.europa.eu/regional_policy/sources/docgener/factsheet/2020_mff_reacteu_en.pdf.

[8] Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones. «El momento de Europa: reparar los daños y preparar el futuro para la próxima generación». COM (2020) 456 final, 27 de mayo de 2020. Recuperado de: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:52020DC0456&from=ES.

[9] Comisión Europea. «Recovery and Resilience Facility: Helping EU countries to come out of the coronavirus crisis stronger». Recuperado de: https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/2020mff_covid_recovery_factsheet.pdf.

[10] Eur-Lex. «Glosario de la síntesis: Libro Verde». Recuperado de: https://eur-lex.europa.eu/summary/glossary/green_paper.html?locale=es.

[11] Eurostat. «Estructura demográfica y envejecimiento de la población». Recuperado de: https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Population_structure_and_ageing/es.

[12] Parlamento Europeo. «El futuro demográfico de la Unión Europea». Recuperado de: https://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+IM-PRESS+20080414FCS26499+0+DOC+PDF+V0//ES&language=ES.

[13] Parlamento Europeo. «Ficha técnica sobre la Unión Europea: La cohesión económica, social y territorial». Recuperado de: https://www.europarl.europa.eu/factsheets/es/sheet/93/la-cohesion-economica-social-y-territorial.

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