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Unión Europea
Zona Euro
Seguridad
Cataluña

Note

*Estos artículos fueron publicados, en francés, en la revista Bilan

Traducción: Pablo Cristóbal Molina del Pozo Martín (Agente Contractual en la Comisión Europea, Dirección General de Desarrollo y Cooperación. Licenciado en Derecho. Master en Altos Estudios Europeos y Relaciones Internacionales)

 

N.° 1 (Enero-Marzo de 2017)
Enero de 2017
13-21

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Dusan Sidjanski

Antiguo Consejero especial del Presidente de la Comisión Europea | Fundador del Departamento de Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra | Miembro del Consejo de la Fundación Latsis | Ex Presidente, actualmente Presidente de Honor del Centro Europeo de la Cultura | Miembro del Centro de Competencias Dusan Sidjanski en Estudios Europeos (Global Studies Institute, Universidad de Ginebra)

1. La búsqueda de un proyecto europeo perdido

El hombre no vive solo de la economía. Reducido por la crisis a “homo œconomicus”, aspira a convertirse de nuevo en el animal político tal y como lo redescubrimos en Grecia. La Unión Europea ha vivido de proyectos basados en una cultura común y rica en términos de diversidad. El impulso se ha roto por el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa (CED) y la Comunidad política en 1954. Menos en la dimensión política, la Unión se ha ido desarrollando a partir de la estrategia de Jean Monnet, es decir, sector por sector. Sin embargo, todos los indicios coinciden en un hecho: este mecanismo de engranaje ha llegado a su límite. La crisis ruso-ucraniana, las ampliaciones sin profundización, las amenazas exteriores y la fragmentación interna, son claros ejemplos de que todos estos factores requieren de una visión global. Raptada por la vorágine de la crisis y cautiva del dogma de la austeridad, la Unión se debilita frente a los movimientos extremistas. La espada de Damocles recae sobre la democracia y el futuro de la Unión.

Al encuentro del principio federativo que excluye toda hegemonía, la Unión ha sufrido el peso de la primera potencia económica que persiste en la ortodoxia y ha impuesto la austeridad en detrimento de la solidaridad. ¿Cómo explicar que Wolfgang Schäuble haya olvidado su proyecto político de 1994 impulsado por un “núcleo duro” dentro de la Unión? ¿Y la sustitución de una visión financiera que carece de atractivo para los ciudadanos y la juventud? ¿Se debe a un instinto de conservación de su dominación? ¿Y qué decir de Francia que no haga valer sus bazas políticas para relanzar un proyecto susceptible de reequilibrar el matrimonio franco-alemán imprimiéndole un potente impulso a la Unión? Es preciso invertir la perspectiva en favor del respeto efectivo de los valores y un enfoque global al servicio de los pueblos y de los ciudadanos europeos. Mi deseo es ver nacer la Federación Europea con la participación de Suiza.

Con todo, naturalmente la Zona euro está llamada a asegurar el papel de núcleo federado en cuanto que la historia no conoce una moneda única sin poder político. Paradójicamente, en su forma actual, esta zona de vanguardia se está quedando rezagada del pilar económico del Tratado de Lisboa y su método federal. Como prioridad, la zona euro está llamada a reestructurarse y a adaptarse a las normas comunitarias. Dotada de un ejecutivo, el núcleo dispondría de competencias en materia de política exterior, de seguridad y de defensa. Éstas serían ejercidas a propuesta del ejecutivo por codecisión del Consejo convertido en Senado europeo y del Parlamento europeo. Según la premonición de Denis de Rougemont, metrópolis y regiones estarían destinadas a un mayor papel en el seno de la Unión. Por consiguiente, un Senado de las Regiones estaría asociado al proceso. Sus reivindicaciones encontrarían, así, su expresión por vía institucional evitando la fragmentación regional.

El método federal regularía las relaciones exteriores de la Unión política, que se beneficiaría de una visión común en lugar de políticas descoordinadas de los Estados miembros. Tanto la falta de visión de conjunto y de cohesión frente a Rusia, como las intervenciones aisladas de Francia han sido las pruebas más representativas. Esta estructura federal permitiría a la Unión política definir su estrategia en los ámbitos de interés común. Lo demuestra la influencia de la Unión Europea en el seno de la OMC debido a su peso en el comercio mundial y al hecho de que hable con una sola voz.

Por encima de todo, este progreso político significaría el retorno de la solidaridad y la salida de la crisis. Como ya lo habían asegurado en repetidas ocasiones los altos mandatarios europeos y la Canciller de Alemania, la Unión política facilitaría el recurso a los eurobonos para financiar las grandes obras de infraestructuras, educación e investigación, así como las PYMES y las empresas emergentes -también llamadas start-up– . El gran Deal europeo al que Suiza podría adherirse prosperaría al mismo tiempo que resucitaría el sueño europeo.

2. El futuro de la UE es asunto de los europeos

Los miembros de la Zona euro se enfrentan a una elección de gran relevancia sobre el futuro de Europa: emprender la senda de una Unión política sin más dilación o resignarse al declive de Europa. Desde la aparición de la unidad monetaria hace unos tres mil años, ninguna moneda ha sobrevivido sin un poder soberano. Esto significa que la estrategia de engranaje sector por sector de Jean Monnet ha alcanzado a su límite máximo. La espiral ascendente se ha invertido debido al impacto de la crisis y de la austeridad. El espectáculo de los cambalaches de carácter financiero contrasta con las esperanzas desarrolladas por la Unión. La confianza depositada en el “núcleo pionero” por los europeos y los Estados que han adoptado el euro como moneda de reserva está socavada.

Las políticas de austeridad han conducido a Grecia y a España al borde del abismo: el desempleo afecta al 26% de la población activa y al 60% de los jóvenes mientras que la deuda y la pobreza aumentan. La austeridad ha facilitado el trabajo a los nacionalismos y a los movimientos populistas, eurófobos, neonazis, reflejando la desesperación de los grupos sociales más sacrificados. ¿Dónde están las promesas sobre desarrollo solidario?

La degradación de la situación en Grecia, la destrucción de su tejido social y económico son una advertencia. Los fantasmas al posible fracaso suscitan incertidumbre y miedo. La quiebra de Grecia provocaría una onda de contagio. El Financial Times recuerda que a pesar de algunos resultados económicos, los inversores están preocupados por los riesgos políticos que España y Portugal, Italia e Irlanda comparten con Grecia.

Los cinco presidentes recomiendan una serie de mejoras de la Unión económica y monetaria (UEM) como las siguientes: las sanciones deben ser equilibradas mediante incentivos, la convergencia de las economías y las reformas estimuladas, el Mecanismo europeo de estabilidad (MEDE) sustituido por un Fondo monetario europeo, pero guardan silencio sobre las instituciones. Ahora bien, paradójicamente, el núcleo de vanguardia opera de forma intergubernamental en una Unión donde el método comunitario, con excepción de la política exterior y de seguridad común, se está generalizando.

El núcleo debe adaptarse al marco del Tratado de Lisboa y más allá. Siguiendo el ejemplo de la Cumbre de la Zona — el Consejo Europeo de los 19, el Consejo, la Comisión y el Parlamento europeo actuaran en su dimensión a 19. La clave consiste en retomar el método comunitario, es decir, la propuesta de la Comisión y la codecisión del Consejo por mayoría cualificada y por mayoría simple en el Parlamento. Así nos aseguraríamos una mayor eficacia, transparencia y control democrático, siendo que la Comisión quedaría como única responsable ante los eurodiputados. En esta configuración, el Tribunal de Justicia encontraría su pleno papel y el BCE sus competencias ampliadas que le permitirían acompañar la política de crecimiento y de pleno empleo. En caso de necesidad, los “pedidos urgentes” podrían ser adoptados y presentados en el plazo previsto al Parlamento. Este primer paso debería ir acompañado por la elaboración de una Unión política federal, desde una perspectiva inversa y global a la de la solidaridad y la confianza.

La Unión política es la única respuesta eficaz a las crisis internas. Permitiría el acceso al recurso de los eurobonos y del New Deal europeo ampliando el plan de Jean-Claude Juncker. Es el momento de iniciar las obras de gran envergadura, a escala europea, de infraestructura y de comunicación, redes de investigación y de innovación, la cultura y la educación. En pocas palabras, dar un fuerte impulso a la Europa de la inteligencia así como a las PYMES y a las empresas emergentes -también llamadas start-ups-, principales creadoras de empleo.

Las amenazas exteriores no se quedan atrás: Ucrania, la exclusión de Rusia, la carrera armamentística, el terrorismo o la delincuencia organizada, y más recientemente el tsunami migratorio. Las federaciones que han tenido éxito se han formado bajo las amenazas como lo demuestra el nacimiento del Estado federal suizo. La supervivencia del euro y de la Unión y la afirmación de su papel en el mundo es el precio a pagar.

3. Cameron frente a Europa, una apuesta de Pascal

Este análisis se inicia por la conclusión: el Reino Unido está condenado a permanecer en la UE, como desea, de hecho, su Primer Ministro. Con su promesa de referéndum sobre la pertenencia a la Unión en caso de victoria electoral, zanja la cuestión recurriendo al pueblo y pone fin a la incertidumbre.

Las elecciones del 7 de mayo de 2015 dieron lugar a dos sorpresas. La victoria de los conservadores que obtuvieron 321 escaños, y el tsunami del SNP que bajo el impulso de Nicola Sturgeon consiguió 56 de los 59 escaños. Los grandes perdedores: los laboristas que solamente lograron 232 escaños, los liberales demócratas, que de 56 se redujeron a 8 escaños, y el UKIP que salvó un diputado logrando reunir un 12,6 % de los votos dispersos. Este cambio radical electoral pone de relieve las profundas divisiones que amenazan la unidad del Reino Unido bajo la presión de los movimientos independentistas. De ahí, la concesión de autonomía fiscal a Escocia, conservando Londres sus poderes soberanos. Una segunda línea de ruptura entre pro- y antieuropeos atraviesa el partido conservador. Los eurófilos laboristas y el SNP contra la eurofobia populista del UKIP.

Esta nueva realidad suscita la nueva estrategia de Cameron. Su primer gesto: se le fue atribuido un lugar de elección a los Tories euroescépticos según el método italiano, que consiste en asimilar a los oponentes para controlarlos mejor. En ese mismo momento, el movimiento de los capitales europeos empezó a buscar el apoyo de París, Berlín y otras en favor de las reformas del Tratado de Lisboa: mayor flexibilidad, menos burocracia, repatriación de determinados poderes en Westminster, control de la inmigración y del “turismo social”. Un verdadero cambio de fondo que, como en todas las negociaciones de reforma, requerirá de varios años. En ese caso ¿cómo debemos interpretar las amenazas del Primer Ministro y de su Ministro de Asuntos Exteriores cuando incitan a votar por la salida en el caso de no obtener las concesiones que piden a los 27 Estados miembros? ¿Están dispuestos a cometer ese acto suicida por su país y que es tan perjudicial para Europa?

Máxime cuando estos testarudos hechos confirman la imbricación del Reino Unido en la economía y en la sociedad europea. Como prueba, algunas cifras que demuestran que la Unión es socio ineludible del Reino Unido. Su cuota en el comercio intracomunitario es del 53 %, mientras que las inversiones directas proceden mayoritariamente de Europa. 4,2 millones de puestos de trabajo están relacionados con las exportaciones hacia la Unión. ¿Va, el Gobierno británico, a tirar de forma alocada todas sus ventajas que ofrece el mercado único, entre ellas la seguridad del comercio y el acceso al rico mercado europeo? Por otra parte, dudo que Cameron esté dispuesto a sacrificar los apoyos del Business o los de la City, siendo que ambos abogan por mantenerse en la Unión. El Presidente del Comité consultivo independiente del Regional Growth Fund me ha asegurado que pondrá, llegado el momento, todo su peso en la balanza. Por lo que se refiere a Escocia, la sombra de un voto a favor de la salida no haría otra cosa que acelerar su camino hacia la independencia, el ejemplo que podría servir de modelo para otras regiones en su petición de mayor autonomía. Europa es un asunto politizado.

A nivel mundial, el cuadro se antoja sombrío. Desde la votación del Parlamento británico contra la intervención en Siria prevista por Francia y EEUU, la relación especial con este último se ha dilatado enormemente. Los interlocutores privilegiados de los estadounidenses son Alemania y Francia, primera potencia económica del conjunto con el aliado político-militar. Solitario, el Reino Unido corre el riesgo de perder su estatuto internacional que comparte con Francia como miembro permanente del Consejo de Seguridad, actual poseedor de la disuasión nuclear, y capaz de intervenir por la paz. En el momento en que se multiplican las amenazas exteriores, parece ser inadecuado que el Gobierno británico menoscabe su economía, la unidad del país y a su influencia en el mundo. De ahí mi apuesta por dos ganadores, la UE y el Reino Unido.

4. ¿Para cuándo el nuevo diseño​ de la zona euro?

La Unión Europea padece una enfermedad infantil desde el fracaso de la Comunidad europea de defensa (CED) en 1954 que supuso en su caída el proyecto de una Comunidad política europea. Sin embargo, hoy más que nunca, la Unión Europea carece de una visión y de una capacidad global que implique un poder político en el momento en que está siendo objeto de graves amenazas y crisis, tanto exteriores como interiores, las cuales ponen de manifiesto las dificultades para hacerlas frente. Me sirve como ejemplo de amenazas exteriores que convergen en la Unión: la crisis ruso-ucraniana, la guerra civil en Siria y las acciones discordantes entre Francia y Alemania y su repercusión sobre la respuesta al Dáesh, al igual que la ola de refugiados y de inmigrantes que se extiende por Europa y la divide. Además, la crisis general provoca diferencias en el seno de la Unión y de la zona euro. Así lo atestiguan los efectos desastrosos de la austeridad impuesta que han contribuido al retorno de los nacionalismos tintados de populismos y extremismos y de eurofobia. Sin olvidar la confianza rota por el escándalo de “Das Auto”.

En este torbellino de amenazas, el caso griego ha provocado una toma de conciencia de los miembros de la zona en cuanto a la necesidad de refundar las estructuras y el funcionamiento del brote vanguardista de la Unión. Si el objetivo de un reparto de la soberanía económica y monetaria en el seno de un sistema federal previsto por Jacques Delors es admitido, urge emprender la primera fase de las reformas institucionales de la zona del euro. Esta iniciativa debería colocar a la zona en una situación más acorde con las normas de la Unión y las instituciones de la zona se inscribirían en el marco del Tratado de Lisboa y funcionarían según la “cooperación reforzada”. El Consejo y el Parlamento Europeo en su composición a 19 decidirían, a propuesta de la Comisión asistida por el BCE, por mayoría cualificada y por mayoría simple, respectivamente. Así, el recurso al método comunitario sustituiría la negociación entre miembros garantizando la conformidad de la zona del euro con el sistema de la Unión.

Algunos ejemplos ilustrarían las líneas generales de las reformas. El término  “Cumbre” de naturaleza interestatal se convertiría en el Consejo Europeo de la Zona euro. Su Presidente sería el mismo que el del Consejo Europeo de la Unión. ¿Hay que recordar que el Presidente Donald Tusk desempeñó un papel decisivo en la reunión de la “Cumbre” junto a François Hollande y Angela Merkel? Grecia ha sido mantenida en el euro evitando el efecto de contagio y el probable final de la irreversibilidad del euro.

El Eurogrupo, rebautizado Consejo de la Zona euro, cambiaría la imagen que proyecta al público y se alinearía con el voto por mayoría cualificada del Consejo de la Unión. También adoptaría su proceso de decisión al del Consejo y se integraría aún más en el sistema de la Unión. Pues paradójicamente, ¡este núcleo pionero funciona todavía de forma intergubernamental! Por ello, es condenado a superar su atraso en la perspectiva de adhesión de los 9 miembros que todavía no han adoptado el euro. Este proceso de inclusión gradual no carece de parentesco con la formación del Estado federal suizo.

En resumen, la zona euro recurrirá al método comunitario inventado por Jean Monnet que le garantizaría más eficacia, solidaridad y legitimidad. De este modo la Unión evitaría su declive iniciado por la gran crisis y la Zona euro podría comprometerse a poner en marcha el proyecto de un “núcleo duro”, presentado en 1994 por Wolfgang Schäuble y Karl Lamers. Su prioridad consistiría en reforzar las instituciones y crear un gobierno europeo dentro del núcleo federal propulsado por la dinámica franco-alemana. Esta innovación implica también el refuerzo de la capacidad de la Unión en materia de política exterior y de seguridad. Hago un llamamiento al autor de este proyecto, el actual ministro de Finanzas, a la Canciller alemana y al Presidente de Francia, para que con su impulso y con el apoyo de otros miembros como Italia y Grecia, conjuntamente, pongan en práctica este proyecto de Unión Política Federal.

5. La seguridad europea, una necesidad urgente

El ataque realizado por el Dáesh ha hecho sufrir en el corazón de Francia y de Europa, resultando ser el signo más claro para reflejar la necesidad de una Unión política europea.

El simple vistazo a las amenazas que se ciernen sobre la Unión, comenzando con el terrorismo, nos recuerda la necesidad de superar la actual Unión económica. La sangrienta advertencia que se ha llevado a cabo exige de una política exterior y de seguridad europea, así como del fortalecimiento de los pilares judicial y policial, y de inteligencia en el marco de una estrategia global. Esta amenaza que tiene como objetivo nuestros valores y nuestra civilización solamente encuentra una respuesta con la creación de una Unión política federal. La supervivencia de Europa está en juego.

Las acciones defendidas por el Presidente Hollande se sitúan a distintos niveles: global, provenientes de las Naciones Unidas, del G20 y de otras organizaciones internacionales; a nivel de las grandes potencias y actores principales, como las multinacionales y las grandes regiones con la Unión Europea, principal objetivo del Dáesh. Los instrumentos previstos por el Tratado de Lisboa permiten ayudar a Francia y exigir el compromiso de los Estados miembros, estando en primer lugar Alemania. De hecho, a petición de Francia, la ayuda de la Unión fue aprobada por unanimidad.

Además, la Unión tiene la facultad de autorizar a uno o varios Estados miembros, así como de formar un núcleo avanzado en materia de seguridad y defensa. Otro instrumento que merece una especial atención es el que prevé el mandato que deberá darse por la Unión con uno o varios Estados miembros. Recurriendo, sin más dilación, a los instrumentos disponibles, se trataría de elaborar en paralelo un marco institucional político dentro de la Unión, asegurando así la duración de la acción común en virtud de la cláusula de la “cooperación reforzada”.

La tragedia vivida por Francia ha llevado al Presidente francés a cambiar de actitud con respecto a Rusia y a proponer una coalición única. Por consiguiente, los Estados Unidos, Francia y Rusia, asumirán su papel en la búsqueda de una solución pacífica en Siria. En esta misma línea, la propuesta del Presidente Putin parece poder reunir a los agentes clave: Acto I, restablecer la paz y el orden en Siria. Acto II, la elección legislativa o mediante referéndum dando la oportunidad al pueblo sirio de pronunciarse sobre la suerte de Assad.

Estas pocas indicaciones ponen de manifiesto la intensa interdependencia entre las acciones emprendidas o previstas, comenzando por impedir el reclutamiento de yihadistas en Europa como terroristas suicidas y erradicando sus redes. Además de los bombardeos, urge cortar las fuentes de financiación del Dáesh cuya exportación del petróleo en Turquía va más allá. Es necesario poner fin a las ayudas de países de la región que practican una política de dos caras de la misma moneda. Se trata de pruebas que demuestran la necesidad de una pluralidad de acciones efectivas apoyadas por la Unión Europea y por los principales actores internacionales.

Mientras tanto, la UE debe dotarse de una Federación europea, de poderes soberanos que superen las capacidades individuales de los Estados miembros.

A este respecto, el enfoque federativo abre perspectivas prometedoras reuniendo los poderes indispensables siempre garantizando la autonomía y la identidad de los Estados miembros y de las regiones. Unidos en una Federación europea, los europeos podrán afrontar el reto que afecta a la supervivencia de la civilización europea basada en el patrimonio de Grecia, de Roma y del cristianismo, que el Dáesh pretende destruir.

Para que nuestra contribución a la civilización mundial continúe, no solo será necesario eliminar el Dáesh y neutralizar las sociedades fundadas en la violencia, sino también reconstruir la comunidad internacional sobre las generaciones jóvenes criadas en el espíritu de paz y solidaridad, en el respeto a los demás y abiertas al diálogo de las culturas.

La necesidad de seguridad experimentada con toda urgencia tras el ataque terrorista de París es también una necesidad que se impone en virtud de la supervivencia del euro. En efecto, la historia no conoce casos de monedas únicas sin un reparto de soberanía y sin una estabilidad asegurada. La moneda es un poder soberano desde siempre. Solo una Federación europea puede garantizar la seguridad de los europeos mediante la puesta en común del poder soberano con un control democrático. Es el próximo desarrollo que será inevitable por el haz de amenazas que, como en la formación de Suiza, requiere de un enfoque decisivo.

6. ¿Tiene Cataluña un futuro en Europa?

Tras las elecciones regionales del 27 de septiembre, el periódico El País concluyó “los independentistas ganan las elecciones, pero pierden el plebiscito”.

Los independentistas obtuvieron 72 escaños en el Parlamento, pero obtuvieron solamente el 47,74% de los votos frente al 50,62%. La mayoría parlamentaria se sostiene con los 62 diputados de Junts Pel Si de Artur Mas y los 10 diputados de la CUP de extrema izquierda, dos formaciones unidas por un objetivo común pero que los separa. A pesar de la confrontación de sus ideologías, llegaron a celebrar un pacto y a crear una gran mayoría destinada a formular una declaración unilateral de independencia en un plazo de 18 meses. Este acuerdo sacrificó al Presidente saliente Artur Mas y lo sustituyó por Carles Puigdemont, a menudo tachado de independentista fanático incondicional por sus detractores.

El Acuerdo es una combinación ingeniosa pero frágil, que allana el camino hacia un “Estado catalán” mediante la creación de estructuras estatales: una seguridad social, un Banco central de Cataluña, un Tesoro público de Cataluña. Seguidos por los núcleos de las fuerzas de seguridad y de una diplomacia autónoma. En suma, un proceso ascendente destinado a crear una situación de hecho que libera a Cataluña de su contribución del 9% de su PNB a España. Un ataque a la redistribución de la riqueza en la Unión a través de la política regional y, en la cual no cabe mencionar la perecuación en Suiza.

El futuro del Estado catalán se oscurece desde el punto de vista de la situación lingüística. Según datos de la Universidad de Laval, el 31,6% son de lengua materna (inicial) catalana y el 55 % de castellano. Pues bien, es sabido que el Gobierno independentista concede prioridad al catalán que corre el riesgo de convertirse en una discriminación.

Además, la crisis no puede excluirse en Cataluña cuyo Presidente subestima la atracción del español, lengua internacional, por comparación con el catalán, lengua regional. ¿Será su actitud contraria al respeto de las lenguas en Europa cuya diversidad constituye una riqueza basada en una cultura común? Sobre esta tesitura lingüística se superpone una mezcla de población de 7,5 millones, de los cuales el 35 % de castellanos viven entre el 60 % de los que proclaman su identidad catalana. Esta estructura de la sociedad regional no presagia nada bueno en el caso de que el Gobierno regional no tuviera en cuenta las reacciones de Madrid y Bruselas, de la que depende el futuro de Cataluña.

Después de que Mariano Rajoy tirase la toalla, el líder de Podemos propuso un Gobierno de izquierdas presidido por Pedro Sánchez, en el cual asumiría la vicepresidencia. La única condición era adoptar el recurso al referéndum sobre la independencia. A su vez, Carles Puigdemont se adaptó para permitir a los 7,5 millones de habitantes adoptar una Constitución y darle una legitimidad popular. En cuanto a Pedro Sánchez, era favorable a una federalización de España, aunque opuesto al referéndum pero abierto a compromisos. La situación es por el momento fluida, sobre todo teniendo en cuenta que las últimas encuestas indican una victoria del PP en caso de nuevas elecciones y una mayoría para que Cataluña permanezca en España.

La Comisión Europea hace un reenvío al caso escocés, estimando que una Cataluña independiente se convertiría en un Estado tercero obligado a solicitar su admisión en la Unión y en la zona del euro. Con una condición agravante que sería la oposición de España, miembro de pleno derecho de la Unión. Esto significa que el Estado catalán debería afrontar una larga negociación para eludir el aislamiento y ser reconocido y admitido en la Unión Europea.

En conclusión, estamos lejos de la Europa de las Regiones de Denis de Rougemont y su proyecto de Senado de las Regiones en el marco de una Federación Europea.