| ESPECIAL GRIDALE

Keywords

Integración multidimensional
Desarrollo sostenible
Armonización de políticas

Abstract

El presente documento ofrece un recuento de las reflexiones en torno a los temas correspondientes a los dos subgrupos que componen el Grupo 2, a saber: «Armonización de políticas en una integración multidimensional de ALC» y «Nuevos temas para la integración de ALC y modelo alternativo de desarrollo sostenible», realizadas por algunos miembros del grupo que han participado en los foros y reuniones que se han realizado dentro del marco de la preparación del I Congreso del GRIDALE.

N.° 6 (Abril-Junio de 2018)
Agosto de 2018
35-45

Free Access

GERMÁN CAMILO PRIETO

Profesor Asistente | Departamento de Relaciones Internacionales | Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales | Universidad Javeriana (Bogotá)

Colombia

El presente documento ofrece un recuento de las reflexiones en torno a los temas correspondientes a los dos subgrupos que componen el Grupo 2, a saber: «Armonización de políticas en una integración multidimensional de ALC» y «Nuevos temas para la integración de ALC y modelo alternativo de desarrollo sostenible», realizadas por algunos miembros del grupo que han participado en los foros y reuniones que se han realizado dentro del marco de la preparación del I Congreso del GRIDALE.

El documento parte de una reflexión sobre la importancia de la armonización de políticas para el desarrollo de la integración, pero llamando a la vez la atención sobre las dificultades y costos que conlleva dicha armonización. Posteriormente se dedican dos secciones a plantear las reflexiones en torno a los temas de los dos subgrupos de trabajo, y finalmente se ofrecen unas conclusiones con las que se espera contribuir a la discusión de las temáticas del Grupo 2 y del GRIDALE en general a tratarse en el I Congreso.

I. Integración y armonización de políticas

Sea que la integración se entienda desde una perspectiva formal como la cesión de poder soberano de decisión a organismos comunes, o desde una perspectiva más informal como la profundización de los intercambios y las influencias entre dos o más países, la armonización de políticas puede traer importantes beneficios para la cooperación, en la medida en que se trate de alcanzar objetivos no solamente comunes, sino también dispares. En primer lugar, debe señalarse que armonización no es lo mismo que coordinación. De acuerdo a la definición de Robert O. Keohane, la cooperación es la coordinación de políticas. En dicho ejercicio los Estados se ponen de acuerdo para llevar a cabo sus políticas de manera que las afectaciones sobre el otro se reduzcan, o cuando menos se administren, o se trabaje conjuntamente para que sean menos graves y más manejables. En cambio, un ejercicio de armonización consiste en que los países adopten políticas similares, o incluso las mismas, o que al menos formulen y ejecuten sus políticas bajo los mismos lineamientos y procedimientos. Ninguno de los dos ejercicios implica necesariamente una cesión de soberanía a organismos comunes, pero la armonización claramente implica mayores concesiones por parte de los Estados hacia los otros, en la medida en que unificar políticas y procedimientos implica reducir el margen de diferenciación, y con ello muy probablemente de autonomía, frente a los demás.

En el caso de la Unión Europea, el clásico ejemplo de armonización ha sido en el área de políticas macroeconómicas, particularmente la fiscal y la monetaria, como ejercicio previo e indispensable para la consolidación del mercado común, y posteriormente de la unión monetaria. En efecto, si se pretende asegurar las condiciones para la libre movilidad de bienes, capitales y trabajadores, se debe asegurar que los costos de contratación laboral, los derechos y beneficios pensionales, y las cargas tributarias, entre otros, no sean demasiado dispares entre los países, pues de lo contrario unos serán más atractivos para trabajar e invertir que otros. Estos ejercicios de armonización macroeconómica se plantearon también en la Comunidad Andina (CAN) y en el Mercosur en los años 90, cuando ambos esquemas regionales se propusieron crear mercados comunes. Una de las causas de que esta armonización no se pudiera realizar fue la renuencia de los miembros de ambos esquemas a ceder autonomía en el manejo de sus políticas macroeconómicas, y ello contribuyó a que en los años 2000 el objetivo de consolidar mercados comunes se dejara a un lado.

Pero la armonización puede darse en diferentes frentes. En la CAN y el Mercosur, por ejemplo, la armonización ha sido relativamente exitosa en materia aduanera y no arancelaria, donde los países miembros de ambos esquemas regionales han logrado ponerse de acuerdo no solo en aranceles comunes, sino también en procedimientos aduaneros, estándares de calidad, y normas sanitarias y fitosanitarias para llevar a cabo sus políticas e intercambios comerciales. Este ejemplo sirve para vislumbrar los beneficios de la armonización. En primer lugar, se reducen los costos de información y de transacción. Si se comparten unos estándares y unos procedimientos para realizar los intercambios, se ahorra tiempo y recursos tratando de entender y de aceptar los estándares y procedimientos de la contraparte. En segundo lugar, hay mayor facilidad para el aprendizaje mutuo. Si ambas o todas las partes están trabajando con la misma ‘materia prima’, hay mayores posibilidades de que, bien sea juntos o separados, encuentren mejores formas de proceder con esa materia prima compartida, y los demás puedan implementar esos avances con relativa facilidad. Y en tercer lugar, hay mayores posibilidades de alcanzar los objetivos propuestos, independientemente de qué tan comunes sean. Si se comparten estándares y procedimientos hay menos posibilidades de que haya ‘malas sorpresas’ por afectaciones causadas por otro país, y en cambio existe una mayor posibilidad de apoyarse en el otro para conseguir lo que se pretende, considerando también que incluso un Estado puede aprovechar lo que hace otro para beneficiase de ello (la superación de un obstáculo técnico con un tercer país, por ejemplo).

Debe notarse aquí que la armonización no implica compartir fondos ni presupuestos en moneda ni en especie, ni tampoco objetivos. En principio, los únicos objetivos comunes necesarios para la armonización son los de la armonización misma, es decir, armonizar lo que se decide armonizar. Pero los objetivos que cada Estado pretende alcanzar con dicha armonización pueden ser dispares sin que ello afecte per se el ejercicio de armonización. Volviendo al tema aduanero, un Estado puede adoptar un arancel común con el fin de superar su déficit comercial con otro, mientras que este otro puede hacerlo para aumentar su superávit con aquel. Objetivos en principio contrapuestos, pero que no impiden la armonización. Asimismo, un Estado puede armonizar barreras no arancelarias para modernizar un sector de su industria, mientras que el otro puede hacerlo para obtener mayor protección para el mismo sector. Más bien, si la armonización se realiza también con objetivos comunes, es más coherente que además de la armonización se destinen recursos comunes como fondos y presupuestos en moneda y en especie para alcanzar tales objetivos, y con ello las posibilidades de éxito deberían ser mayores. Pero es claro que la definición de objetivos comunes y la destinación de recursos a fondos y presupuestos comunes reduce sustancialmente la autonomía de cada Estado para decidir sobre sus procedimientos de política y el uso de esos recursos, y con ello se generan obstáculos para la armonización. Las siguientes secciones discutirán con más detalle los beneficios y obstáculos de la armonización de algunas políticas para la integración en América Latina en la actualidad.

II. Principales temas que ameritan armonización de políticas en los proyectos regionales latinoamericanos: beneficios y obstáculos

La discusión que se dio en la reunión virtual del Grupo 2 previa al Congreso del GRIDALE arrojó un conjunto de temas como los primordiales para ejercicios de armonización de políticas en el futuro cercano. En materia de integración económica, se consideró que se debe profundizar lo que ya existe, pese a que debe recordarse que el comercio entre los países latinoamericanos, y particularmente entre los suramericanos, se encuentra ya liberalizado casi en su totalidad, y ningún esquema regional le apuesta en el presente a avanzar en la consolidación de una unión aduanera ni mucho menos de un mercado común. La unión aduanera en el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y en el Mercosur se mantiene, aunque mucho más unificada la primera que la segunda. Pero en la medida en que ninguno de estos dos esquemas tiene previsto conformar un mercado común en el futuro cercano, la profundización de ambas uniones aduaneras aparece como algo innecesario. La CAN y la Alianza del Pacífico (AP), por su parte, desecharon la posibilidad de conformar mercados comunes, pese a que la AP sostenga oficialmente que pretende conformar un espacio de libre circulación de bienes, capitales y personas, pero en ningún momento ha planteado ningún tipo de iniciativa para emprender un ejercicio mínimo de coordinación macroeconómica para ello. Sin embargo, algunos participantes de la discusión resaltaron que la conformación de un mercado común suramericano o latinoamericano no debería desecharse de forma definitiva, pues es claro que la ampliación de los mercados nacionales hacia mercados comunes ofrecería importantes oportunidades de crecimiento y desarrollo económico para los países, particularmente teniendo en cuenta que, en ausencia de estos mercados comunes, prevalece la desigualdad en los términos de intercambio con los países desarrollados, quienes siguen siendo los principales compradores de commodities de los países latinoamericanos.

Otro posible tema de armonización en materia económica que se plantea como prioritario es la acumulación de origen para incentivar las cadenas de valor entre los países latinoamericanos. Este es un tema en el que la AP ha anunciado su voluntad de avanzar, pero sin logro alguno que mostrar hasta el momento. La acumulación de origen permitiría que países que no tienen acuerdos comerciales con terceros se beneficiaran de los acuerdos comerciales que alguno de los países latinoamericanos tuviera con ese tercero para incorporar porciones de valor (insumos, tecnología, procesamiento) en el producto que sea finalmente exportado a ese tercer país. Aparte de las dificultades técnicas y legales que esto conlleva, particularmente dadas las reglas de origen de la OMC, el mayor obstáculo para la acumulación de origen es que la mayoría de encadenamientos productivos hacia atrás entre los países latinoamericanos son de poco valor agregado, es decir, importan insumos básicos entre ellos para exportar a un tercero bienes intermedios de poco valor agregado relativo. Las exportaciones manufactureras tienen más encadenamientos nacionales que externos, y aparte de Brasil y México, son muy pocos los casos de exportaciones de otros países latinoamericanos que requieren mayores niveles de encadenamiento hacia atrás que permitan aportar un mayor valor agregado por parte de los países proveedores y procesadores de insumos. En estas condiciones, acumular origen puede equivaler más bien a incrementar la competencia para los proveedores nacionales de insumos que actualmente participan en cadenas de valor nacionales, pero que tendrían que competir con los proveedores de otros países que pretendieran incluirse en una cadena regional que pudiera acumular origen.

El siguiente tema que emergió en la discusión como prioritario para la armonización es el de infraestructura. Si bien se reconoce que IIRSA constituye un excelente ejercicio de cooperación para el desarrollo de infraestructura que conecte el Atlántico con el Pacífico en Suramérica, se considera que se debe profundizar esta cooperación. Sin embargo, se considera que la armonización debe darse sobre todo en materia energética, pues en materia de infraestructura no se vislumbra qué es lo que se podría armonizar, aparte de especificidades técnicas de ingeniería. En cambio, en materia energética sí valdría la pena considerar la posibilidad de armonizar estándares ambientales, y consolidar una red energética suramericana que le garantizara el acceso a la energía eléctrica y al gas a toda la población, así como a las fuentes de agua potable, y más deseable aun, a fuentes de energías renovables.

Pasando justamente al área de medio ambiente, se resalta que los ODS deberían ser objeto de ejercicios más profundos de armonización entre los países latinoamericanos, dado que Latinoamérica tiene una enorme responsabilidad de administrar su riqueza en materia de recursos naturales, lo que puede convertirla en líder mundial del desarrollo sostenible. Si bien en el marco del cambio climático se han dado iniciativas globales (Acuerdo de París 2015, por ejemplo), y regionales (Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe 2018), se requiere de medidas armonizadas e incluso de políticas comunes entorno a la deforestación, tala ilegal o a la construcción de infraestructura terrestre.

A continuación, se planteó el tema de la planeación y el ordenamiento territorial, no en el sentido de armonizar formas particulares de planeación y ordenamiento territorial entre los países, pues esto podría ir en detrimento de los objetivos de descentralización y de mayor autonomía local con los que están comprometidos la mayoría de países de la región. Más bien se considera que la armonización puede darse en cuanto a esos objetivos y procesos participativos, donde la planeación y el ordenamiento territorial se conviertan en procesos más democráticos y autónomos, donde las comunidades alcancen una mayor apropiación del territorio y con ello un mayor aprovechamiento de sus recursos, y mejoren sus niveles de convivencia y bienestar.

El siguiente tema en aparecer en la discusión fue el de la asociatividad. Este es un tema importante porque está estrechamente relacionado con el del desarrollo sostenible, en la medida en que la sostenibilidad ambiental requiere de enormes esfuerzos de cooperación entre las personas que habitan en un mismo entorno. Las dimensiones sociales de los distintos esquemas de integración latinoamericanos, como el MCCA, la CAN y el Mercosur, han procurado impulsar la asociatividad entre empresarios, campesinos y otros grupos sociales para temas de salud, laborales, culturales y ambientales. Este es un tema en el que la armonización de políticas se ve bastante viable por dos razones. Primero, la asociatividad es una práctica o un conjunto de prácticas que no implican costos monetarios ni en especie para los Estados. Se trata más bien de promover la solidaridad y el diálogo entre las personas, y de otorgar incentivos para la asociatividad. Por otra parte, la asociatividad puede promoverse en todas las áreas de cooperación regional, desde las instancias participativas para la sociedad civil de los proyectos regionales, hasta microproyectos localizados en comunidades muy particulares de un territorio que pueda beneficiarse de alguna política regional o de integración.

El tema que prosiguió en la discusión fue la migración. Hoy aun no es claro para muchos ciudadanos y ciudadanas latinoamericanas si se puede visitar otro país sin visa, o sin pasaporte, o solo presentando el documento nacional de identidad. Frente a los flujos migratorios de ciudadanos de otro país latinoamericano aún hay estigmatización y discriminación. Y frente a las crisis migratorias como la venezolana, en particular hacia Colombia, aun hoy los gobiernos se arrojan culpas, eluden responsabilidades y hacen de la crisis y de las personas que migran un instrumento político para legitimar sus posturas. Claramente la migración es un tema mucho más difícil de armonizar, por todo lo que implica en términos de nacionalismos y de despliegue de recursos para su atención. Pero si de verdad se cree en la unidad y hermandad de los pueblos latinoamericanos, los Estados deberían firmar un acuerdo para el tratamiento de los flujos y las crisis migratorias, permitir la libre circulación de los nacionales de los países latinoamericanos entre ellos solo con el documento de identidad nacional, y enviar un mensaje de que los ciudadanos y ciudadanas de los países latinoamericanos no somos pueblos enemigos ni vamos al otro país a quitarle nada a nadie, sino que Latinoamérica es un espacio vital donde alcanzan los recursos para todas y todos. Paradójicamente esto era así en la época de la colonia, y con las independencias frente a España y Portugal hemos venido parcelando el espacio de nuestra América con discursos nacionalistas que de nada sirven cuando un pueblo busca ayuda en los otros.

Un aporte que guarda cierta relación con el punto anterior es el de intercambios académicos y convalidaciones. En la actualidad es común que en varios países latinoamericanos sea más fácil convalidar títulos obtenidos en terceros países que en otro país latinoamericano. Aparte del colonialismo cultural y cognitivo que esto refleja, es verdaderamente una desventaja para el desarrollo de nuestros sistemas educativos que bien podrían beneficiarse de la demanda que de ellos hagan estudiantes de los mismos países latinoamericanos, y por supuesto es algo que va en detrimento del intercambio estudiantil que es fundamental para conocernos los unos a los otros, y que en un futuro esos estudiantes que serán profesionales  tomadores de decisiones confíen más en los profesionales tomadores de decisiones de los otros países, y se pueda profundizar la cooperación y la integración. Este tema de los intercambios académicos, profesionales y de convalidaciones no es uno en el que haya grandes obstáculos para la armonización, pues se trata más bien de un intercambio de información y de un ejercicio técnico de armonización de estándares, que no implica grandes costos para los Estados latinoamericanos.

Una posibilidad que se discutió a este respecto es la extensión de beneficios y posibilidades de cumplimiento de compromisos para los becarios que cada país envía a estudiar al extranjero, con el compromiso de regresar al país a trabajar a cambio de una condonación total o parcial de la deuda adquirida con la obtención de la beca. Si bien esta posibilidad podría ser muy buena en los casos en que los becarios no encuentran trabajo en su país a su regreso, puede ser un tema difícil de armonizar en la medida en que es difícil demostrar que realmente no hay opciones de trabajo, y no más bien que no hay las que el becario espera. En cambio, abrirle las puertas para cumplir su compromiso en otro país latinoamericano puede ser motivo de una fuga de cerebros que no es coherente con la inversión que los Estados hacen en formar profesionales para que regresen a sus países a difundir el conocimiento adquirido en el extranjero.

Los temas anteriores guardan cierta relación con el tema que surgió a continuación, y es el tema de los salarios. Sobre este tema, más que armonizar los salarios en términos cuantitativos, lo que se podría armonizar son estándares laborales, no solo para permitir que ciudadanos de un país latinoamericano trabajen en otro país latinoamericano, sino para garantizar que donde sea que trabajen sus derechos laborales estén asegurados. En esto se ha avanzado mucho en el MCCA, la CAN y el Mercosur, pero aun esta armonización se puede profundizar mucho más. En cuanto a los montos salariales, si bien sería ideal igualar por lo alto los salarios mínimos en los países latinoamericanos, también lo es que la definición del salario mínimo en cada país corresponde a condiciones macroeconómicas muy particulares y a negociaciones con el sector privado muy complejas, y sería mucho más difícil armonizar los montos, aunque sí podría avanzarse en armonizar ciertos procedimientos de negociación que ofrezcan garantías mínimas a trabajadores y empresarios.

En cuanto a otros obstáculos que se presentan para la armonización de políticas, se señaló la oposición política de gremios y asociaciones profesionales nacionales afectadas por los procesos de armonización, algo que ha sucedido a lo largo de toda la historia de la integración latinoamericana. Este asunto está muy relacionado con la tensión que existe entre integración y democracia, donde es en principio contradictorio que un gobierno que ha sido elegido para administrar ciertos asuntos delegue competencias o ceda soberanía a organismos regionales donde otros Estados o incluso representantes supranacionales tomen decisiones sobre esos asuntos. Por ello, más que un obstáculo, la oposición de grupos de interés a la armonización de políticas es un reto que debe enfrentar el regionalismo y la integración de llevar a cabo las acciones de forma democrática y participativa, o cuando menos consultiva, como ha sucedido en los procesos de la CAN y el Mercosur con los consejos consultivos laborales y empresariales.

Otro obstáculo que se resaltó es la falta de recursos y capacidades estatales para articular e implementar reformas de la legislación doméstica en las áreas donde se realice la armonización. Este es un obstáculo que puede ser más agudo en países pequeños que no cuenten con instituciones sólidas o que no tengan mucha experiencia en el área particular de armonización. Pero como se señaló previamente en este documento, los ejercicios de armonización permiten aprendizaje mutuo, y los países con debilidades institucionales bien pueden aprender de los países con más experiencia y lograr implementar las reformas requeridas para efectuar la armonización. Si se trata más bien de escasez de recursos, el obstáculo es más difícil de salvar a menos que se cuente con fondos comunes o recursos de cooperación que financien la armonización de las políticas.

La inestabilidad política en países claves o líderes también se erige como un obstáculo para la armonización. Pero además de esto, la tendencia que mantienen la mayoría de Estados latinoamericanos, de que cada vez que llega un nuevo gobierno quieren cambiar todo lo que hizo el anterior, constituye un obstáculo grande para la armonización. Así como hay políticas que pueden armonizarse en un plazo corto, otras requieren de un proceso de más largo plazo. Por ello es necesario que los ejercicios de armonización que toman más tiempo sean asumidos como compromisos de Estado y no de gobierno, de manera que no sean en vano los esfuerzos emprendidos por un gobierno para que el siguiente llegue a revertirlos.

Por último, se consideró pertinente realizar una reflexión sobre la división ideológica como un enorme obstáculo para la armonización de políticas entre los Estados latinoamericanos, particularmente aquellos miembros de proyectos regionales. En efecto, las dos primeras etapas del regionalismo latinoamericano se caracterizaron por contar con fuertes consensos ideológicos en torno al modelo económico y las políticas que debían implementarlo, y fue bajo estos consensos ideológicos que se crearon los esquemas pioneros del MCCA y la CAN (Pacto Andino) en los años 60, y que se reimpulsaron aquellos y se creó el Mercosur en los 90 (y también la ALBA en los 2000, al menos entre sus países líderes). En cambio, la división ideológica resquebrajó a la CAN en los 2000, y estancó fuertemente al Mercosur. Pese a sus magros logros hasta el momento, la AP se crea también bajo un consenso ideológico fuerte, y el Mercosur permanece en una incertidumbre ideológica importante debido a los cabios políticos que en el momento sufren Paraguay y Brasil, y un poco menos Argentina y Uruguay. La ideología aparece entonces en la integración latinoamericana no solamente como un factor determinante para su ritmo, progreso y decaimiento, sino que por ello mismo puede ser también un aliciente y un obstáculo para la armonización de políticas.

En América Latina, pareciera que a veces es más importante tener afinidades ideológicas que cooperar, como se ha demostrado en los casos de la CAN y el Mercosur, y particularmente en el caso presente de la UNASUR, donde la división ideológica ha llevado a la organización al estancamiento político total por no haber podido consensuar el nombramiento de un secretario general entre los países que aun apoyan al régimen venezolano y los que lo rechazan por completo. Esta reflexión conduce a la conclusión de que es muy probable que en el futuro cercano sea más fácil armonizar políticas en áreas que no sean tan sensibles ideológicamente, sino más bien en aquellas de tipo más técnico o que no comprometan la ideología de los gobernantes de turno. Es lamentable que las etiquetas y las identidades ideologías primen sobre las necesidades de la población, pero ese es el continente en el que estamos, y la separación entre lo técnico y lo político puede ser útil por ahora para lograr avances en la región en materia de armonización. La discusión de este punto se cerró, por cierto, llamando la atención sobre los ODS como posible punto de encuentro de las diferentes ideologías, y núcleo en torno al cual podrían articularse las iniciativas de armonización para la integración latinoamericana.

Aparte de los temas hasta aquí expuestos, se mencionaron otros temas que, por ser novedosos, se incluyen en la siguiente sección.

III. Nuevos temas para la integración en América Latina

La otra dimensión que se trató en la reunión fue la de los nuevos temas de los que podría ocuparse el regionalismo y la integración en América Latina para reimpulsarse. En primer lugar se planteó el tema de la salud, que si bien ha sido objeto de cooperación en el seno de UNASUR, se considera que es un tema que ha sido abordado apenas someramente por los distintos esquemas de integración, y que aún debe desarrollarse mucho más. Un aspecto que sobresale, por ejemplo, en el área de la salud, es el tema de los medicamentos. La suscripción de tratados de libre comercio por parte de buena parte de los países latinoamericanos ha hecho que deban aceptar condiciones muy rígidas en materia de propiedad intelectual, lo que tiende a incrementar el precio de medicamentos esenciales y a aumentar el plazo en el que los laboratorios nacionales tienen prohibido fabricar la versión genérica. Así, en lugar de estar fomentado las industrias farmacéuticas nacionales a través de condiciones de propiedad intelectual más flexibles, y de facilitar el comercio latinoamericano de medicamentos, se está actuando al servicio de las grandes multinacionales farmacéuticas de los países desarrollados y se está actuando en detrimento de la salud de los pacientes latinoamericanos. Si bien este es un tema muy sensible por los costos que puede acarrear para el comercio de los países latinoamericanos alterar las condiciones de propiedad intelectual contempladas en los TLC con países desarrollados (principalmente Europa y EE.UU.), es posible que existan algunos temas de propiedad intelectual, control de precios y acceso a medicamentos que se puedan armonizar entre ellos para contribuir a mejorar el acceso a medicamentos para ciudadanos y ciudadanas latinoamericanas.

El tema que emergió de forma subsiguiente fue el del manejo coordinado de desastres naturales. Si bien los países latinoamericanos han mostrado una enrome solidaridad y capacidad de reacción frente a los desastres naturales que han sufrido países de la región (huracanes en el Caribe, terremoto en México), bien pueden fortalecerse los procedimientos para coordinar la reacción ante desastres naturales ocurridos en zonas fronterizas, o crear protocolos de ayuda que hagan más rápida y expedita la asistencia ante la eventualidad de una catástrofe.

Seguidamente se introdujo el tema de la desigualdad en América Latina, el cual no ha sido precisamente objeto directo de los diferentes esquemas regionales que se han presentado. América Latina permanece como una de las regiones más desiguales del planeta, y varios países como Colombia y Brasil continúan ocupando los primeros puestos en desigualdad en el mundo. La desigualdad no solo es problemática por el diferencial de oportunidades para la productividad de la población, sino que, como lo han mostrado los trabajos de autores como Stiglitz, Piketty, Krugman, y Robinson y Acemoglu, la desigualdad pronunciada es la principal causa de la corrupción en una sociedad. Esto se debe a que en la medida en que haya una porción de la sociedad que sea mucho más rica que el resto, y sobre todo que las porciones menos ricas, se genera un incentivo para enriquecerse aún más de cualquier forma posible, en aras de aumentar aún más el poder que da poseer tanta riqueza. No es una coincidencia que quienes más se roban los dineros públicos en las sociedades más desiguales sean justamente las élites gobernantes que llegan al poder público justamente gracias a la riqueza que tienen, y una vez llegan allí lo que quieren hacer es enriquecerse aún más para asegurar aún más su permanencia en el poder.

Dada la variedad y complejidad de factores que conllevan a la desigualdad pronunciada, más que un tema que pueda ser objeto de armonización de políticas, América Latina sí podría avanzar en el marco de la CELAC en la definición de ciertos compromisos, en materia de derechos y de distribución de la riqueza por vía de impuestos progresivos y gasto e inversión social, para reducir la desigualdad en América Latina. Este tipo de políticas sí podrían ser objeto de armonización en algunos aspectos, por ejemplo, en sus principios.

A continuación, se sugirió el tema de ciencia y tecnología (CyT), y el de la economía naranja y economías creativas como temas nuevos de los que podría ocuparse el regionalismo latinoamericano. Latinoamérica continúa siendo una región que destina muy poco porcentaje de su PIB a CyT. Esto no solamente prolonga la desigualdad en los términos de intercambio con el mundo desarrollado, y reduce las oportunidades de mayores ingresos para las clases trabajadoras, sino que además opera en detrimento de la posibilidad de consolidar sociedades más educadas que alcancen mejores niveles de paz y convivencia. Igual que en el caso anterior, más que armonizar políticas concretas de CyT, las cuales deben responder a particularidades y contingencias nacionales y locales de cada país, se pueden armonizar principios, objetivos y estándares para el mejoramiento de las políticas y de los niveles de CyT en América Latina, así como constituir fondos regionales para la implementación de actividades de CyT y de innovación, incluyendo la economía naranja y las economías creativas.

Por último, en materia de seguridad, se plantearon los temas de lucha contra el crimen trasnacional y de la ciberseguridad como nuevos temas que deberían ser prioritarios para la cooperación en América Latina. Debe señalarse que el primero ya es objeto de cooperación ministerial en la UNASUR, y que Mercosur ha desplegado también amplios programas de cooperación, sobre todo para combatir el crimen en la triple frontera. Pero en efecto hace falta avanzar mucho más a nivel latinoamericano, particularmente en materia de lucha contra el narcotráfico, tráfico de armas y trata de personas, donde las redes de estas actividades criminales suelen envolver a varios países situados en distintas subregiones, como el Cono Sur, la región andina, la Amazonía, el Caribe y Centroamérica.

Por su parte, la ciberseguridad tiene que ver no solamente con las posibilidades de combatir el crimen organizado, sino también con avanzar en las prácticas de gobierno en línea y el control de las noticias falsas en redes sociales, lo que está estrechamente relacionado con la construcción de democracia y ciudadanía. Como se sabe, en el mundo existen actualmente tres doctrinas sobre la ciberseguridad. Por una parte, se encuentra la doctrina de EE.UU., que pretende construir una normativa universal para controlar la seguridad en Internet, aplicada por todos los Estados. Por otra parte, está la doctrina china, que aboga por una autonomía total de cada Estado para controlar la ciberseguridad. Y por otra parte está la postura de Rusia, que establece que debe haber libertad total para el uso de la Internet, y que el Estado solo debe intervenir cuando lo considere necesario, y sin referirse a marco legal alguno que regule dicha intervención. América Latina tiene la posibilidad de adherir a una de estas tres posturas, o de crear incluso una cuarta doctrina, una en la que se promueva la democratización del acceso a Internet y se provea un marco regulatorio para que la Internet contribuya al fortalecimiento de la democracia y al ejercicio de los derechos y deberes ciudadanos de los países latinoamericanos y de todo el mundo.

Al final de esta sección se mencionaron algunas estrategias que los países latinoamericanos podrían emplear para avanzar en la incorporación de estos nuevos temas. Estas son la coordinación profunda entre técnicos de las distintas instituciones nacionales encargadas de formular e implementar planes de acción y protocolos de respuesta ante eventualidades de emergencia que se presenten en los diversos temas, y promover un mayor involucramiento de actores no-estatales, en particular bancos de desarrollo y donantes internacionales que puedan aportar conocimiento sobre los temas nuevos y presionar para que sean incorporados en las agendas regionales.

IV. Conclusión

Como conclusión de este documento, los participantes en la reunión resaltaron la necesidad de construir sobre lo construido con miras a la armonización de políticas para la integración latinoamericana, y de aprender de todas las experiencias para la incorporación y el tratamiento de los nuevos temas. En cualquier caso, todos los temas contenidos en este documento deberán vincularse con los contenidos de los documentos y discusiones de los demás grupos, y se espera que de ello se obtengan excelentes resultados al final del I Congreso del GRIDALE.

Finalmente, se considera que la armonización de políticas no debe ser solo un resultado de iniciativas de regionalismo, son que bien puede realizarse sin un marco institucional integrador, y en cambio motivarlo a partir de la obtención de resultados positivos. América Latina cuenta con varios espacios institucionales regionales con un bagaje de experiencia y aprendizaje enorme para la armonización de políticas y la incorporación de nuevos temas para la integración, y es necesario demandar a las autoridades nacionales que se empleen estos espacios para avanzar en la construcción de región y en la cooperación para mejorar las condiciones de vida de todos y todas las latinoamericanas y latinoamericanos.